El Mundial de Fútbol de 2026 ha dejado mucho más que un campeón sobre el césped. La competición se ha convertido en un escaparate publicitario de primer nivel, donde el patrocinio ha demostrado su capacidad para generar recuerdo de marca, impulsar el descubrimiento entre nuevos consumidores y reforzar la confianza
El Mundial de 2026 ha vuelto a confirmar que los grandes acontecimientos deportivos siguen siendo uno de los territorios de comunicación más eficaces para las marcas. Pero, más allá de las cifras de audiencia, el torneo celebrado en Estados Unidos, México y Canadá deja una conclusión especialmente relevante para la industria publicitaria y es que el patrocinio no solo aporta visibilidad, sino que influye directamente en la percepción que los consumidores tienen de las marcas.
Según un análisis de Smartme Analytics, el 38,1% de los espectadores españoles recuerda de forma espontánea alguna de las marcas patrocinadoras del torneo. Coca-Cola, Adidas y Cerveza Victoria lideran ese recuerdo, evidenciando cómo la asociación con uno de los mayores eventos deportivos del mundo permite consolidar la presencia de las marcas en la mente del consumidor. No se trata únicamente de estar presentes durante las retransmisiones, sino de formar parte de un acontecimiento que concentra una atención difícil de igualar por otros formatos publicitarios.
La eficacia del patrocinio también se refleja en la capacidad para atraer nuevos públicos. El estudio señala que el 35% de los espectadores descubrió alguna marca que no conocía gracias al Mundial, un porcentaje que se eleva hasta el 55% entre los jóvenes de 16 a 24 años. Alcanzar a estas generaciones, tradicionalmente más difíciles de impactar mediante la publicidad convencional, se ha convertido en uno de los principales retos del sector, y el deporte vuelve a demostrar su capacidad para conectar con ellas desde un contexto emocional y altamente participativo.
El efecto tampoco termina en el recuerdo. Para el 43,3% de los espectadores, que una marca sea patrocinadora del Mundial incrementa la confianza que depositan en ella, un dato que asciende hasta el 53% entre los menores de 35 años. Esta asociación con un evento global aporta atributos de relevancia, liderazgo y credibilidad, reforzando el valor del patrocinio como herramienta de construcción de marca más allá de los objetivos inmediatos de notoriedad.

Detrás de estos resultados se encuentra también un profundo cambio en la forma de consumir los grandes eventos deportivos. El Mundial ha evidenciado la consolidación del consumo multipantalla. La 1 y DAZN reunieron conjuntamente a más de 25 millones de espectadores mayores de 16 años, con un 44% de la audiencia siguiendo el torneo a través de ambas plataformas. La televisión lineal continúa siendo el gran punto de encuentro, pero comparte protagonismo con el streaming y los entornos digitales, ampliando el alcance de las campañas y multiplicando los puntos de contacto entre marcas y consumidores.
A este fenómeno se suma la normalización del llamado ‘second screen’. Más de tres de cada cuatro espectadores utilizaron el teléfono móvil mientras seguían los partidos, principalmente para conversar a través de aplicaciones de mensajería, consultar redes sociales o consumir contenidos en plataformas como YouTube. Este comportamiento convierte cada partido en un ecosistema de atención distribuida, donde la conversación digital amplifica la experiencia televisiva y ofrece nuevas oportunidades para que las marcas prolonguen su presencia más allá de la emisión.
El impacto del Mundial también se trasladó al consumo cotidiano. Las aplicaciones de delivery registraron un importante incremento de usuarios durante el torneo, con Glovo creciendo un 7,5% respecto al mes anterior y Uber Eats aumentando un 20,9%. Del mismo modo, las plataformas de apuestas deportivas alcanzaron sus mayores niveles de actividad de los últimos dos años. Estos datos reflejan que los grandes eventos deportivos no solo generan audiencias masivas, sino que modifican hábitos de consumo y activan categorías de negocio directamente vinculadas al ocio y al entretenimiento.
Todo ello refuerza la necesidad de evolucionar también la forma de medir la eficacia publicitaria. La fragmentación del consumo obliga a analizar de forma conjunta la exposición en televisión lineal, televisión conectada y dispositivos móviles para comprender el verdadero alcance de las campañas. En un contexto donde la atención se reparte entre múltiples pantallas, la planificación y la medición crossmedia se consolidan como elementos clave para optimizar la inversión y evaluar el impacto real de los patrocinios.
El Mundial de 2026 confirma que el patrocinio deportivo sigue siendo uno de los activos más valiosos para las marcas, aunque su papel ha evolucionado. Ya no basta con aparecer sobre el terreno de juego o en los bloques publicitarios, sino que la eficacia reside en construir una presencia coherente a lo largo de toda la experiencia del aficionado, desde la retransmisión televisiva hasta la conversación en redes sociales y el consumo digital. En un ecosistema donde la atención es cada vez más difícil de conquistar, los grandes eventos deportivos continúan ofreciendo a las marcas la suma de millones de personas compartiendo al mismo tiempo una misma emoción. Y pocas oportunidades existen más valiosas para una marca que formar parte de ese momento.
