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Cuando la diferencia no la marca la IA, sino quién la dirige

Mientras la inteligencia artificial generativa gana protagonismo en los procesos creativos, el debate sobre el papel del talento humano cobra más fuerza que nunca. Desde Bandido defienden que la tecnología solo alcanza su verdadero potencial cuando está guiada por profesionales capaces de aportar criterio, sensibilidad y una visión creativa diferencial

La irrupción de la inteligencia artificial generativa ha transformado los procesos de trabajo en la industria creativa a una velocidad inédita. Sin embargo, mientras el debate suele centrarse en las capacidades de la tecnología, desde Bandido apuntan hacia otro factor que consideran decisivo: el talento humano que hay detrás de cada proyecto.

La compañía asegura que las solicitudes vinculadas a IA generativa ya representan cerca del 70% de su volumen de trabajo, una realidad que les ha permitido extraer una conclusión clara: "Los mejores resultados siempre, sin excepción, nacen de la intervención humana".

Para el equipo, la inteligencia artificial debe entenderse como una herramienta de enorme potencial, pero nunca como un sustituto del criterio creativo. "Debemos ser nosotros quienes domemos a la herramienta, y no al revés", señalan. De hecho, rechazan el llamado "efecto casino" que, en su opinión, caracteriza a algunos usos de la IA generativa, donde el resultado depende más del azar que de una dirección creativa sólida.

El valor humano en cada etapa

La visión de Bandido es que el factor humano sigue siendo imprescindible en todas las fases clave del proceso creativo. La ideación continúa siendo territorio de las personas. Aunque la IA puede facilitar la documentación o servir como apoyo para desbloquear ideas, consideran que la capacidad de conectar conceptos de manera inesperada y generar sorpresa, emoción o humor sigue siendo exclusivamente humana. "La IA no entiende de verdad humana, solo de patrones", declaran sus responsables.

La misma lógica se aplica al trabajo visual. En un contexto en el que proliferan piezas generadas con inteligencia artificial, la compañía detecta una creciente uniformidad estética. Según explican, muchos contenidos presentan una apariencia correcta desde el punto de vista técnico, pero carecen de una dirección de arte reconocible. Por ello, destacan el papel de perfiles especializados como realizadores o footage researchers, capaces de identificar referencias originales y construir universos visuales diferenciados. Al final, las producciones digitales (las que no salen a grabar con una cámara) tendrán que profesionalizarse con roles tradicionales como directores de arte o fotografía, pero reinventados y adaptados para garantizar una identidad estética propia en producciones realizadas con IA.

 

“Aunque la IA puede facilitar la documentación o servir como apoyo para desbloquear ideas, consideran que la capacidad de conectar conceptos de manera inesperada y generar sorpresa, emoción o humor sigue siendo exclusivamente humana”.

 

También reivindican la importancia del editor creativo, al que consideran el auténtico "director de orquesta" de una pieza audiovisual. Su función no se limita a ensamblar imágenes, sino a construir una narrativa visual capaz de condensar en apenas unos segundos todas las intenciones de una campaña.

A ello se suma el trabajo de diseñadores gráficos, coloristas y artistas de VFX, responsables de aportar el refinamiento final a los proyectos. Mientras la IA tiende a operar sobre promedios derivados de sus datos de entrenamiento, estos profesionales son quienes elevan el resultado hasta alcanzar un nivel diferencial. "Para dar un golpe en la mesa en un pitch, no puedes conformarte con ser el promedio", sentencian desde Bandido.

La homogeneización creativa, un problema anterior a la IA

Más allá del impacto tecnológico, Bandido también reflexiona sobre otro de los grandes debates actuales: la posible homogeneización de la creatividad.

La compañía considera que el fenómeno existe, pero recuerda que no es nuevo ni puede atribuirse únicamente a la inteligencia artificial. A su juicio, responde a la propia dinámica histórica de la publicidad, donde las campañas más exitosas generan corrientes de imitación que terminan dominando el mercado hasta que una propuesta disruptiva rompe el ciclo y marca una nueva tendencia.

Tras más de quince años trabajando en la creación de maquetas audiovisuales, el equipo ha sido testigo de numerosos cambios estéticos: del formato panorámico al 4:3, del lenguaje cinematográfico al naturalista, de las lentes anamórficas a las esféricas o de las paletas desaturadas a los colores intensos. Tendencias que, según explican, llegan a ser tan dominantes que un profesional experimentado puede identificar la época de producción de una pieza con apenas observar algunos planos.

El riesgo de una nueva uniformidad

No obstante, consideran que la IA generativa sí está introduciendo una nueva capa de homogeneización. En su análisis, actualmente conviven dos grandes enfoques: las producciones que buscan ocultar el uso de la IA mediante el fotorrealismo y aquellas que explotan deliberadamente sus capacidades para crear imágenes imposibles de obtener mediante un rodaje convencional.

El riesgo aparece cuando ambas corrientes recurren a las mismas referencias visuales y acaban generando resultados similares. "Vemos luz sin intención, decisiones creativas sin riesgo y personajes que parecen NPCs", explican.

Frente a esta tendencia, la respuesta vuelve a ser la misma: talento humano. Para Bandido, la innovación auténtica no surge de los algoritmos ni de los modelos predictivos, sino de profesionales capaces de asumir riesgos creativos y desafiar las convenciones establecidas. En un momento en el que la tecnología avanza más rápido que nunca, consideran que la verdadera ventaja competitiva sigue residiendo en algo mucho más difícil de replicar: el criterio, la sensibilidad y la visión de las personas.

 


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