Actualidad

El problema no es vender

por Lorraine Gallard

Abro Instagram o LinkedIn y, si me pongo a mirar stories, es un infinito de ventas. Solo ventas.  Todo el tiempo me están vendiendo algo: webinars, clases gratuitas de IA, cursos cada vez más específicos tipo “si tienes más de 40 y usas ChatGPT como un buscador…”, productos milagrosos para adelgazar, cosas varias para la menopausia, porque al algoritmo le ha dado por pensar que ya me conoce íntimamente, equivocadamente by the way, y también clases para mi hijo. De todos los tipos. 

Las redes son ventas, más ventas y más lo que sea. followers, contenido, contactos… más, más, más. Y, además, saben demasiado de nosotros. No importa si no tienes Instagram, LinkedIn, TikTok, Facebook o lo que toque esta semana. De una forma u otra, igual saben. Si estás menos en la red, quizá saben un poco menos. Quizá. No lo tengo claro. Tampoco sé si quiero comprobarlo.

Y no me malinterpretes: vender es necesario. Yo vendo. Vendo mi empresa, mis servicios, ideas, proyectos. Es parte del negocio. La visibilidad importa. Que te conozcan, que confíen en ti, también. El problema no es vender. El problema es que ahora todo es venta. Todo compite por tu atención, todo promete, todo asegura, todo parece imprescindible. Si me descuido dos minutos, igual alguien me vende también una nueva versión de mí misma, más optimizada con chatgpt incluido o con todos los skills que Claude pueda tener.

Y en medio de tanto ruido, la pregunta ya no es quién vende mejor. La pregunta es ¿Quién es creíble? Porque ¿Cómo eliges hoy si necesitas una clase o un curso? ¿Cómo lo haces si buscas un freelance o a alguien fijo para un trabajo? O si quieres hacer una reforma, o si necesitas comprar algo?… ¿Cómo decides? Porque opciones hay demasiadas. Y, cuanto más hay, más difícil parece distinguir qué vale la pena y qué no. Qué tiene sustancia y qué solo tiene estrategia. Qué está bien empaquetado y qué está realmente bien hecho. Porque, seamos sinceros, hoy cualquiera tiene una tipografía bonita, tres frases motivacionales y una web que parece decir “confía en mí, soy premium, soy pro!”.

Supongo que todos sabemos las respuestas más obvias: referencias, recomendaciones, reputación, prueba y error. Pero aun así, mi sensación es otra: hay tanto de todo que muchas veces no elegimos mejor, elegimos por prisa, sin objetividad y sin pensar demasiado. Elegimos como quien acepta cookies: bastante rápido y con una fiabilidad que no necesariamente merece esa situación.

¿Probamos cosas nuevas o volvemos al viejo conocido? ¿Hacemos networking en Instagram y LinkedIn porque funciona de verdad o porque sentimos que deberíamos estar ahí? ¿Conectamos con gente nueva o seguimos confiando, al final, en las personas que ya conocemos desde hace tiempo? Un ejemplo en primera persona…. hay millones de tiendas online, pero yo sigo comprando de segunda mano, vintage y presencial. No online. Porque en medio de tanta oferta, a veces una busca justo lo contrario: algo más real, más tangible, menos empujado, menos algorítmico. Menos “te puede interesar” y más “esto me gusta de verdad”. Aunque no me guste nada ir a comprar ropa. En serio, me da TOC.

 

“Hay tanto de todo que muchas veces no elegimos mejor, elegimos por prisa, sin objetividad y sin pensar demasiado. Elegimos como quien acepta cookies: bastante rápido y con una fiabilidad que no necesariamente merece esa situación”

 

Y quizá eso es parte de lo que está pasando: tanta opción no nos hace necesariamente más libres. A veces nos deja más confundidos, más saturados, más anestesiados. Además, ahora parece que todo el mundo sabe de todo, opina de todo, enseña de todo y vende de todo. soy muy creyente en el multidisciplinar, siempre fui así. Pero no es el ser multi. Es tener demasiadas opciones de todo.

Sin duda vivimos en una época curiosa

El otro día estaba en una conversación en la que se debatía si hoy se vive mejor que en la época en la que crecimos nosotros, los que nacimos a finales de los 70 o principios de los 80, los que tuvimos una infancia y juventud analógicas, pero entramos en la vida adulta con una transformación acelerada que ya nunca se detuvo.

Yo me quedé callada. No porque no tuviera argumentos, los tengo. Sino porque, para mí, esa comparación no existe. No se trata de decidir si ahora es mejor o peor. Se trata de entender que todo cambia, que el tiempo avanza y que nosotros avanzamos con él.

Aunque me llame Lorraine, no participo del plot de Regreso al futuro y no hay un DeLorean para volver atrás y comprobarlo. Ni para ir hacia delante y confirmar si el futuro es finito, decadente y terminamos de destrozar el planeta, aunque señales, la verdad, no faltan :( y si queremos seguir en el tema de la peli, vaya Biff fue creado con total inspiración en Trump… así que….

Más que hablar de nostalgia o de superioridad entre épocas, suelo hablar de otra cosa: de adaptabilidad, de flexibilidad, de equilibrio y de reinvención. De saber quién eres, qué experiencia tienes y cómo te posicionas en el tiempo que te toca vivir. Porque, al final, vivir hoy exige exactamente eso: criterio para no creerte todo, flexibilidad para no quedarte atrás y personalidad para no convertirte en una copia más dentro del escaparate. Y quizá ahí está el verdadero reto de esta época: no solo saber vender, sino saber quién eres TU en medio de tanta gente intentando venderte algo.

 


Lorraine Gallard (Linkedin) es fundadora de Gravitate, consultora estratégica que trabaja en la intersección entre talento, estrategia y práctica para empresas creativas. Con una trayectoria previa como senior creative producer en publicidad, producción y storytelling, ha trabajado en compañías como 14, La Liga Studios, David y Mamma Team. Actualmente acompaña a empresas, equipos y profesionales en procesos de claridad, crecimiento y dirección, labor que combina con formación en centros como la Barcelona School of Creativity, la Universitat Abat Oliva CEU o la FX Barcelona Film School.