Día Internacional del Emoji: ¿Valen más que mil palabras?

Estudios recientes aseguran que las personas reaccionan igual ante un emoticono de una cara sonriente que a un rostro humano, pues el cerebro procesa las imágenes en tan solo 13 milésimas de segundo

Los emojis se han colado en el lenguaje escrito de las personas que usan sistemas electrónicos para comunicarse como una forma para expresar o enfatizar sentimientos y hechos. Y es que la expresión de que “una imagen vale más que mil palabras” cobra sentido si se tiene en cuenta que, en tan solo 13 milésimas de segundo, el cerebro procesa lo que ve, según un estudio de Massachusetts Institute of Technology (MIT). Su uso es muy útil para todas aquellas personas que no tienen tanta capacidad para expresar emociones, y así se sienten más seguros, o para aquellas que no le dedican tanto tiempo.

“Vivimos inmersos en relaciones fugares y superficiales. El uso excesivo de los emoticonos puede impedirnos establecer vínculos más profundos y sólidos, tratando de forma superficial algo tan importante como los sentimientos afectivos, que merecerían una mayor reflexión o, incluso, una conversación”, explica la psicóloga Carolina Álvarez.

Los emoticonos surgieron en 1999 por Shigetaka Kurita, quien diseñó 176 iconos para ntt Docomo, una empresa japonesa de comunicación móvil que buscaba agregar un componente emocional falto en el texto. Pero realmente fue el uso de Whatsapp lo que ha hecho que se convierta en un elemento natural de expresión, llegando a extenderse incluso en el ámbito laboral.

“La comunicación escrita, carece del lenguaje corporal, es decir, de todo aquello que nos despierta una persona cuando la tenemos delante: gestos, movimientos, etc. Los emojis tratan de suplirlos, y lo han conseguido, integrándose de un modo natural en las conversaciones escritas. De hecho, hay estudios recientes que aseguran que las personas reaccionan de igual forma a un emoticono de una cara sonriente que aun rostro humano sonriente”, asegura Álvarez.

 

Dime cómo te expresas y te diré cómo eres

María Gallego, psicóloga sanitaria y miembro de Top Doctors explica que puede ocurrir que emisor y receptor no interpreten del mismo modo un emoticono, o que éstos no consigan aportar a la comunicación los matices que conlleva una conversación tradicional: “Una imagen vale más que mil palabras siempre y cuando los interlocutores interpreten lo mismo al verla”. De hecho, el uso de un icono u otro, así como su interpretación, pueden variar dependiendo de factores externos que rodeen a los interlocutores, así como su personalidad. La Universidad de Edge Hill (Reino Unido) hizo un estudio recientemente en el que, tras analizar diferentes conversaciones en chats y redes sociales, observaron que las personas que usaban emoticonos positivos o que expresaban felicidad eran aquellas con una personalidad más abierta o extrovertida.

Por otro lado, estos iconos pueden ser usados para evitar decir algo en un momento determinado. “Depende del momento, un icono de un corazón puede ser visto como un mensaje para salir del paso sin comprometerse a decir ‘te quiero’. Es aconsejable que determinados sentimientos se expresen de la manera más sincera y clara posible, si queremos que el receptor lo interprete correctamente y consigamos la finalidad”, añade Álvarez.