Ana Rodríguez de Zárate cumple su primer año al frente de Avante (AVANTE) con un balance claro: liderar una agencia no consiste solo en tomar decisiones, sino en dar herramientas a los equipos para que alcancen su máximo potencial. Para ella, el liderazgo pasa por escuchar, entender y priorizar, por reforzar la integración interna y poner al cliente en el centro de cada decisión. La estrategia de este primer año ha combinado inversión en tecnología, mejora de procesos y un enfoque más ambicioso en la visibilidad de la agencia, tanto hacia dentro como hacia fuera.
Bajo su dirección, Avante ha experimentado un crecimiento sostenido en facturación y ha incorporado clientes que entienden la comunicación como palanca estratégica, no solo táctica. La agencia ha reforzado su modelo de colaboración con partners especializados y ha adoptado una filosofía de libertad que se traduce en independencia real con flexibilidad, honestidad y capacidad de adaptación para cada proyecto, evitando planificaciones cerradas y soluciones estándar.
Rodríguez de Zárate también aborda los grandes desafíos del sector como la concentración de grandes holdings, la transformación digital y la irrupción de la inteligencia artificial. Frente a ello, Avante apuesta por la agilidad, la valentía en la toma de decisiones y la construcción de ecosistemas de comunicación continuos, coherentes y relevantes. Para su directora, el éxito reside en equilibrar la presión del negocio con una cultura corporativa saludable, donde el reto y la ambición se convierten en estímulo y no en carga para los equipos
Este mes celebras tu primer año como managing director de Avante. ¿Qué aprendizajes clave te llevas de estos primeros doce meses al frente de la agencia y qué ha cambiado desde tu llegada?
Este primer año ha sido, sobre todo, un ejercicio de escucha y entendimiento de las dinámicas de la agencia. He aprendido que liderar una agencia no va solo de tomar decisiones, sino de dar las herramientas necesarias a los equipos para que hagan lo mejor posible su trabajo. Por eso hemos invertido en más tecnología, en mejora de los procesos y en más producto que ofrecer a los clientes.
Desde mi llegada creo que hemos reforzado la visibilidad de la agencia tanto hacia dentro como hacia fuera. Contar mejor cuál es nuestro posicionamiento como agencia al mercado y contar mejor qué somos a los equipos. También priorizar mejor, decir más “no” cuando toca y poner al cliente en el centro de decisiones que antes eran más operativas.
También hemos avanzado hacia una agencia más integrada, menos compartimentada y con una visión más clara de negocio.
¿Qué balance haces del último año en términos de evolución del negocio y nuevas cuentas?
El balance es muy positivo. Hemos crecido de forma sostenida con un incremento del 10% en facturación. Más allá del número de nuevas cuentas, que ha sido relevante, destacaría la calidad de los proyectos y de las relaciones que hemos construido.
También estoy muy contenta del modelo de colaboración que hemos implementado, cerrando acuerdos con numerosos partners especialistas en distintas áreas, lo que ha reforzado nuestro scope significativamente.
Hemos incorporado marcas que entienden la comunicación como una palanca estratégica y no solo táctica, lo que nos permite aportar más valor y trabajar a largo plazo.
Recientemente os habéis mudado a una oficina más céntrica, ¿hay algún motivo estratégico detrás de esta decisión?
El cambio de oficina responde a una visión estratégica: estar más conectados con el ecosistema del negocio: con nuestros clientes, con nuestros partners, con medios y con el talento, especialmente el talento más joven que se mueve en transporte público.
Queríamos un espacio que fomentara más la colaboración, tanto interna como externa, y que reflejara mejor quiénes somos hoy como agencia. El espacio también comunica, y esta oficina habla de un Avante más abierta, más visible y más ambiciosa.
El sector vive un momento de concentración acelerada entre grandes holdings. ¿Cómo interpretas este escenario desde la perspectiva de una agencia independiente como Avante? ¿Qué oportunidades detectas para las indies frente a estructuras más rígidas?
La concentración es una realidad, pero lejos de ser una amenaza para las agencias independientes es una clara oportunidad. Vivimos en un sector en el que todo es para ayer, por tanto, el valor diferencial será la inmediatez y la agilidad en las agencias.
Las indies, por nuestro adn y nuestro modelo de negocio, somos indiscutiblemente más ágiles, no tenemos grandes departamentos y no tenemos un sinfín de jefes tomando decisiones. Esto agiliza mucho el proceso. Además, somos más valientes en la toma de decisiones y más cercanas al cliente. Hoy muchas marcas buscan partners, no proveedores, y ahí las agencias independientes tenemos mucho que decir.
Avante se define como “Poderosamente libre”. ¿Cómo se traduce esa “libertad” de cara al cliente?
Para nosotros la libertad se traduce en independencia real: libertad para decidir con quién queremos trabajar, libertad para elegir partner, para elegir las mejores ideas sin estar condicionados por intereses externos.
Y esto lo percibe el cliente. También significa flexibilidad, honestidad y capacidad de adaptación. No creemos en planificaciones cerradas, sino en soluciones pensadas específicamente para cada marca y cada contexto.
¿Cómo se plantea Avante este año a nivel de objetivos y líneas prioritarias de trabajo?
Este año nos marcamos tres grandes prioridades: seguir consolidando nuestro posicionamiento estratégico, profundizar en la integración de servicios y seguir invirtiendo en talento y cultura.
Queremos crecer, sí, pero sin perder nuestra identidad ni nuestra forma de trabajar. Preferimos un crecimiento consciente y sostenible.
Durante muchos años se ha hablado de un funnel de conversión lineal. Hoy defendéis un modelo más parecido a un carrusel, definido como un proceso de ventas sin inicio ni fin definidos. ¿Cómo afecta esta nueva lógica a la comunicación? ¿Entienden las marcas esta nueva realidad?
La comunicación ya no responde a un proceso lineal. El consumidor entra y sale de la relación con la marca en múltiples puntos y momentos. Esto obliga a las marcas a pensar en ecosistemas de comunicación más continuos, coherentes y relevantes. Cada vez más marcas entienden esta realidad, aunque todavía muchas siguen ancladas en modelos antiguos. Nuestro papel es ayudarles a hacer esa transición.
La inteligencia artificial está transformado también este sector. ¿Cómo estáis aplicando la IA en vuestros procesos en la agencia?
La IA es una herramienta clave, pero no un fin en sí mismo. La estamos aplicando para optimizar procesos, analizar datos, acelerar fases de investigación o testing y liberar tiempo para lo realmente diferencial: el pensamiento estratégico y creativo. Siempre desde una mirada crítica y responsable. La IA suma cuando amplifica el talento humano, no cuando intenta sustituirlo.
¿Cuáles son los perfiles más valorados en una agencia que quiera ser competitiva en los próximos años?
Buscamos perfiles híbridos: personas con pensamiento estratégico, sensibilidad creativa y capacidad analítica. También valoramos mucho la curiosidad, la adaptabilidad y la actitud colaborativa. Más allá del rol concreto, creemos en profesionales con visión de negocio y mentalidad de aprendizaje constante.
¿Cómo se equilibra la presión del negocio con una cultura corporativa saludable y sostenible?
Creo que es importante desmitificar la idea de que una cultura saludable implica ausencia de presión. En nuestro sector la presión existe y seguirá existiendo: trabajamos con plazos exigentes, con objetivos ambiciosos y en un entorno muy competitivo. Bien gestionada, esa presión puede ser un motor de crecimiento, de aprendizaje y de excelencia profesional
La clave está en qué tipo de presión ejercemos y cómo la gestionamos. No es lo mismo una presión basada en el miedo o la urgencia constante, que una presión ligada al reto, a la responsabilidad y a la ambición compartida. En Avante creemos en exigir, pero también en acompañar. En marcar objetivos altos, pero con contexto, recursos y confianza.
Cuando las personas entienden el porqué de las decisiones, sienten que forman parte del proyecto y ven recorrido profesional, la presión deja de ser una carga y se convierte en un estímulo. Al final, los mejores resultados llegan cuando el equipo se siente retado, no agotado. Y ese equilibrio es probablemente uno de los mayores desafíos -y responsabilidades- de cualquier liderazgo hoy.

