La odisea de los medios

Daniel Campo, director de El Publicista. Columna nº 215

Les invitamos a un viaje largo, en el que abundan las aventuras adversas, pero también benignas. Es el que han iniciado nuestros medios y canales, que en muchos casos no tienen embarque de vuelta.
Las televisiones surcan un mar embravecido por el vendaval propiciado por la fragmentación de la audiencia consecuencia de los nuevos canales de la tdt y la multiplicidad de oferta televisiva en digital y cable de pago. Y lejos de buscar la calma, levantan vientos huracanados al pretender subir tarifas para estar más acordes al panorama europeo al tiempo que alientan la enorme saturación publicitaria que va a permitir la futura ley de lo audiovisual, lo que unido a la desaparición de TVE como soporte publicitario va a dejar en tierra a un montón de telespectadores que a lo más seguro compartan puerto con internet en el mejor de los casos.
Como ya vimos en el número anterior y ahora repasamos con las jornadas de la IAB, internet va viento en popa. Y sólo le va a ralentizar el cambio de rumbo que han tomado algunos medios en lo que se refiere a la gratuidad de los contenidos. Murdoch hace de capitán, pero poco a poco, ante la falta de apoyo publicitario y el coste de estar en la red, muchos medios están franqueando el buque insignia. Hasta ahora en la mente de los consumidores, sobre todo los jóvenes, se ha inculcado el todo gratis. Es el momento de corregir el timón. También la prensa profesional afronta ese empeño, al tiempo que sigue apostando por los contenidos de calidad. El papel es cada vez más caro y urge ofrecer al lector lo que demande, desde el canal que sea.
El hermano pequeño de internet, el marketing móvil también quiere pescar en las turbulentas aguas. Es visto y usado por cada vez más adeptos, se presenta como el medio que más va a crecer publicitariamente este año y en un plazo de 10 años superará al ordenador a la hora de navegar por internet.
Las tres pantallas descritas tienen en el horizonte cautivar al consumidor con la calidad de los contenidos. Si es así, el anunciante soplará sus velas.