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Marcos Arizmendi (Queens League): “Las marcas que llegan a la Queens League buscando solo visibilidad se equivocan”

La Queens League ha conseguido construir uno de los fenómenos más relevantes del nuevo entretenimiento deportivo: una competición donde el contenido, la comunidad y la conversación digital pesan tanto como el propio resultado. Con millones de visualizaciones, audiencias hiperparticipativas y marcas integradas en el ecosistema cultural del proyecto, la liga impulsada por Gerard Piqué se ha convertido en un laboratorio sobre cómo conectar con las nuevas generaciones.

“Las audiencias jóvenes ya no quieren ser solo espectadoras, sino sentirse parte activa de lo que están viendo”, sostiene Marcos Arizmendi, deputy chief product officer de Kings League y Queens League, quien defiende además que “las marcas que mejor funcionan son las que entienden que esto no va solo de patrocinio, sino de formar parte de una cultura y de una conversación que ya existe”

La Queens League suele explicarse como “una competición”, pero en realidad funciona más como un producto de entretenimiento. ¿En qué momento decidís diseñarla pensando más como media company que como liga deportiva?

Más que una competición deportiva al uso, la Queens League nació desde el principio en la intersección entre deporte y entretenimiento. Sentíamos que al deporte tradicional le faltaban nuevas formas de conectar con las audiencias, especialmente con las generaciones más jóvenes: competiciones muy largas, partidos en los que a veces “no pasa nada” y una manera de consumir el fútbol que ya no encajaba con cómo la gente vive hoy el contenido.

Gerard Piqué detectó muy bien ese cambio al ver que sus hijos estaban más pendientes del móvil y de los comentarios de los streamers sobre los partidos que del propio partido en sí. Ahí surgió primero la Kings League y, poco después, la Queens League: una competición diseñada no solo para seguir el deporte, sino para vivirlo como una experiencia de entretenimiento constante.

En el caso de la Queens League, además, vimos una oportunidad muy clara en el creciente interés por el deporte femenino y en su conexión natural con el mundo digital y las redes sociales. Por eso contamos con presidentas y perfiles que, en muchos casos, no vienen directamente del deporte, pero sí tienen una enorme capacidad de conectar con comunidades y audiencias que históricamente quizá nunca se habían sentido atraídas por el fútbol. Ese cruce entre competición, contenido y cultura digital es precisamente lo que define el proyecto.

¿Qué pesa más hoy en vuestro modelo: el rendimiento deportivo o el rendimiento del contenido?

La clave está precisamente en la combinación de ambas cosas. En la Queens League entendemos que el rendimiento deportivo y el rendimiento del contenido no compiten entre sí, sino que se potencian mutuamente.

Por un lado, en estos últimos años hemos conseguido consolidar una competición deportiva con identidad propia, seria y con un formato lo suficientemente sólido como para exportarlo internacionalmente a mercados como México, Italia, Brasil o Francia. Y parte de esa fortaleza viene también de algo diferencial: al no tener las limitaciones estructurales del fútbol tradicional, tenemos la capacidad de adaptar y evolucionar ciertas reglas de la competición para potenciar la experiencia y el entretenimiento sin perder la esencia competitiva.

Pero al mismo tiempo, todo lo que ocurre dentro del terreno de juego se amplifica enormemente gracias al ecosistema de creadores de contenido. Ellos no solo actúan como altavoces de la competición, sino también como protagonistas activos de muchas de las narrativas, rivalidades y momentos que se generan alrededor de los partidos.

A eso se suma un entorno completamente digital e inmediato, donde las redes sociales, los clips, las retransmisiones y las distintas ligas internacionales generan contenido de forma constante. La competición no vive únicamente durante los partidos, sino que permanece activa todo el tiempo a través de conversaciones, reacciones y contenido que la comunidad comparte y consume continuamente.

Por eso creemos que el éxito del modelo está en haber conseguido que el rendimiento deportivo alimente el contenido y que, al mismo tiempo, el contenido amplifique el valor emocional y cultural de la competición.

Si tuvieras que definir la Queens League como producto de marketing, ¿qué la hace realmente distinta frente a otras propiedades deportivas que también están en digital?

La Queens League es un producto pensado para el consumo actual: rápido, dinámico y profundamente conectado con la cultura digital. A diferencia de otras propiedades deportivas más tradicionales, nosotros tenemos la capacidad de adaptarnos constantemente, tanto en el formato como en las reglas de la competición, para responder a lo que está pasando en tiempo real y mantener siempre viva la conversación con la audiencia.

Esa flexibilidad nos permite evolucionar de una manera que otras competiciones, por estructura, muchas veces no pueden asumir. La Queens League se mueve en un entorno mucho más ágil, donde el entretenimiento, la narrativa y la interacción con la comunidad tienen tanto peso como lo deportivo.

Además, el hecho de contar con algunos de los mayores creadores de contenido del país amplifica enormemente el alcance del proyecto. No solo llegamos al público habitual del fútbol, sino también a comunidades que quizá nunca consumirían deporte de manera tradicional, pero sí se sienten atraídas por la experiencia, las personalidades y el contenido que rodea la competición. Ahí es donde realmente está la diferencia: la Queens League no se limita al partido, sino que funciona como un ecosistema de contenido y entretenimiento que conecta con audiencias mucho más amplias.

¿Hasta qué punto el reglamento (cartas, formatos, dinámicas) está diseñado con lógica de engagement y no de deporte?

El reglamento de la Queens League está diseñado precisamente para potenciar la emoción y hacer que el espectador sienta que cualquier cosa puede pasar hasta el último minuto.

Elementos como las cartas, el dado, las fases del partido o formatos como los penalty shootouts o el matchball están pensados para mantener viva la tensión y generar giros inesperados constantemente. Un equipo que parecía tener el partido controlado puede acabar perdiéndolo en los últimos minutos, y eso transforma por completo la manera de vivir el fútbol.

Pero más allá del espectáculo, creemos que ahí está también la magia del proyecto: conseguir que ver un partido sea una experiencia mucho más emocionante, imprevisible y entretenida.

Habláis mucho de conectar con audiencias jóvenes. ¿Qué habéis entendido de ellas que el deporte tradicional sigue sin comprender?

Con el paso de los años hemos entendido que las audiencias jóvenes no quieren ser sólo espectadores, sino sentirse parte activa de lo que están viendo. Y eso lo hemos aprendido, en gran parte, gracias a la relación directa que tenemos con ellas a través de plataformas como Twitch, TikTok y YouTube, donde la respuesta es inmediata y constante. En cuestión de segundos puedes saber qué está funcionando, qué genera emoción o qué necesita evolucionar.

Ese feedback directo, sin intermediarios, nos ha permitido moldear la competición casi en tiempo real y construir un producto muy adaptado a cómo consumen contenido hoy las nuevas generaciones. Buscan dinamismo, conversación, entretenimiento y sentir que siempre están pasando cosas, no solo durante el partido, sino también alrededor de él.

El fútbol tradicional, por su parte, tiene una lógica distinta y completamente entendible. Cuenta con una base de aficionados muy sólida que valora el deporte tal y como ha sido históricamente, y además opera bajo estructuras y reglamentos mucho menos flexibles. Pero sí creemos que poco a poco se está produciendo un cambio. Quizá no con la velocidad con la que trabajamos nosotros en la Queens League, pero es interesante ver cómo muchas competiciones tradicionales empiezan también a explorar nuevas formas de conectar con las audiencias y adaptar la experiencia al consumo digital actual como ya hicimos nosotros.

¿Qué métricas internas miráis realmente para definir el éxito: views, tiempo de visualización, participación, conversación…?

Hoy, con el nivel de fragmentación que existe en la industria del deporte y el entretenimiento, creemos que ya no tiene sentido medir el éxito a través de una única métrica. Lo realmente importante es entender cómo funciona todo el ecosistema alrededor de la competición y cómo interactúa la audiencia con el contenido en cada plataforma.

Por un lado, analizamos el rendimiento en redes sociales, no solo en los canales oficiales de la Queens League, sino también en todo el ecosistema que generan clubes, jugadoras, presidentas y creadores de contenido. Ahí observamos métricas como impresiones, engagement, videoviews o conversación social para entender el alcance y la capacidad de generar comunidad.

Por otro lado, prestamos muchísima atención a las métricas de streaming, especialmente indicadores como viewers, total views o session length, porque nos ayudan a medir no solo cuánta gente entra, sino también la calidad de la audiencia y el nivel de fidelidad que tiene con la competición.

El análisis geodemográfico también es fundamental para entender desde dónde nos consumen, cómo evolucionan nuestras comunidades y qué oportunidades existen en determinados mercados. Y, sobre todo, intentamos mantener una capacidad de adaptación muy rápida a los cambios constantes en los hábitos de consumo y en la industria digital.

Además, complementamos toda esa parte cuantitativa con encuestas y análisis dentro de nuestro CRM, que nos permiten conocer mucho mejor al fan desde un punto de vista más cualitativo: qué le interesa, cómo vive la competición y qué espera de la experiencia Queens League.

¿Habéis detectado diferencias claras en cómo consume la audiencia la Queens League frente a la Kings League o frente a competiciones tradicionales?

Sí, hemos detectado diferencias bastante claras y, de hecho, muy interesantes entre ambas competiciones. Aunque la Kings League suele mover audiencias más masivas, la comunidad de la Queens League destaca especialmente por el nivel de fidelidad, implicación y conexión emocional que tiene con la competición.

La audiencia de la Queens League vive el proyecto de una manera mucho más intensa y participativa. Existe un sentimiento de pertenencia muy fuerte hacia las jugadoras, las presidentas y las narrativas que se generan alrededor de la competición. No es solo consumir un partido, sino formar parte de una comunidad que comenta, debate y reacciona constantemente a todo lo que ocurre.

"La audiencia de la Queens League destaca especialmente por su nivel de fidelidad, implicación y conexión emocional con la competición"

En comparación, muchas veces el consumo de la Kings League puede ser más casual o más ligado al entretenimiento puntual, o incluso a los propios streamers, mientras que en la Queens League vemos una comunidad mucho más involucrada en el día a día de la competición. Eso también hace que sea una audiencia más exigente y muy vocal en redes sociales, tanto para apoyar como para criticar el producto, y creemos que eso demuestra precisamente el nivel de conexión que existe con el producto.

Además, el propio entorno digital en el que se desarrolla la Queens League favorece muchísimo este tipo de consumo e interacción constante. Las plataformas sociales y de streaming permiten que la conversación nunca se detenga y que la relación entre competición, creadoras, jugadoras y fans sea mucho más cercana y bidireccional que en el deporte tradicional.

¿La fidelidad en vuestro caso se construye más desde los clubes, desde los creadores o desde la propia competición?

La fidelidad dentro del ecosistema de la Queens League nace precisamente de la combinación de esos tres elementos: los creadores, los clubes y la propia competición. Y lo interesante es que normalmente existe una evolución bastante natural entre ellos.

En la mayoría de los casos, la puerta de entrada suele ser el creador de contenido. Son perfiles que ya contaban con comunidades muy consolidadas y que acercaron a sus audiencias a la competición desde un vínculo previo de confianza y afinidad. A partir de ahí, muchos fans empiezan a desarrollar un sentimiento de pertenencia hacia el club que representa ese creador: adoptan sus colores, siguen sus historias y se involucran emocionalmente con el proyecto.

Después aparece una segunda capa muy importante, que es la conexión con los propios jugadores y jugadoras. Ahí ya no solo sigues al creador, sino que empiezas a implicarte con el día a día del equipo, sus resultados y sus narrativas deportivas, generando una relación mucho más profunda y sostenida en el tiempo.

Y finalmente llega quizá el paso más relevante: cuando el fan entiende y disfruta la competición por sí misma, independientemente del creador o el equipo. Ahí es donde vemos que el producto realmente funciona. Ocurre cuando alguien disfruta de partidos de equipos o presidentes que no seguía previamente, cuando consume tanto Kings League como Queens League o incluso cuando empieza a seguir otras ligas internacionales como México, Brasil o Francia.

Es algo que se hace especialmente evidente en competiciones como la Kings World Cup Clubs o la Kings World Cup Nations. En esos torneos vemos que, aunque tu equipo favorito no esté presente, sigues disfrutando igualmente de la experiencia y de la competición como producto global. Y en el caso de Nations ocurre algo todavía más interesante: desaparece por completo la figura del presidente y lo que mueve al espectador es puramente el sentimiento de pertenencia y el deseo de ver a su país competir y ganar.

Decís que las marcas “forman parte de la conversación”. ¿Qué significa eso en términos reales de activación y no solo de discurso?

Cuando decimos que las marcas “forman parte de la conversación”, hablamos de ir mucho más allá del patrocinio tradicional o del simple emplazamiento publicitario. La Queens League ofrece un entorno muy dinámico y flexible, donde las marcas pueden integrarse de una forma mucho más natural, creativa y relevante para la audiencia.

En muchas competiciones deportivas, las activaciones terminan repitiendo siempre los mismos formatos: presencia en soportes, spots o visibilidad estática. Nosotros intentamos cambiar esa lógica y construir experiencias adaptadas a cada anunciante, entendiendo qué quiere comunicar y cómo puede hacerlo dentro del ecosistema de la competición.

Eso significa que las marcas no solo pueden activarse dentro del terreno de juego, sino también a través de todo lo que rodea la Queens League: jugadoras, presidentas, creadoras de contenido, redes sociales, streaming y conversación digital. El hecho de movernos en un entorno tan conectado y sin barreras entre competición y contenido permite desarrollar ideas mucho más orgánicas, participativas y con capacidad real de generar conversación.

Además, al tratarse de un ecosistema completamente digital, todas esas activaciones son altamente medibles. Podemos analizar el impacto en tiempo real, entender cómo interactúa la comunidad con cada acción y adaptar las campañas con muchísima más agilidad que en formatos más tradicionales.

Y, por supuesto, también hay un componente muy relevante de acceso a audiencia. Las redes y plataformas de la Queens League concentran comunidades masivas muy por encima de otras competiciones convencionales, y especialmente jóvenes, algo que para muchas marcas resulta cada vez más difícil de alcanzar a través de los canales tradicionales.

¿Qué errores siguen cometiendo las marcas cuando intentan entrar en territorios como el vuestro?

Creo que uno de los principales errores que siguen cometiendo muchas marcas cuando entran en territorios como la Queens League es pensar únicamente en términos de visibilidad y no de comunidad. A menudo intentan trasladar campañas tradicionales a un entorno que funciona con códigos completamente distintos, mucho más cercanos, dinámicos y participativos.

También ocurre que algunas marcas quieren controlar demasiado el mensaje, y en ecosistemas como el nuestro la audiencia detecta muy rápido cuándo una integración se siente forzada, excesivamente corporativa o poco auténtica. Las activaciones que mejor funcionan son las de las marcas que entienden el tono de la competición, confían en los creadores y creadoras, y buscan aportar valor real a la conversación en lugar de simplemente estar presentes.

En el caso concreto de la Queens League, además, hay un aprendizaje muy importante: no basta con decir que apoyas el fútbol femenino desde el discurso. Para conectar de verdad, hay que entender la comunidad, sus referentes, sus códigos y la forma en la que interactúa digitalmente. Es una audiencia muy participativa, muy exigente y especialmente sensible a la autenticidad.

Por eso creemos que las marcas que mejor encajan son aquellas que entienden que esto no va solo de patrocinio, sino de formar parte de una cultura y de una conversación que ya existe.

"No basta con decir que apoyas el fútbol femenino desde el discurso; hay que entender la comunidad, sus referentes y sus códigos"

¿Dónde está el equilibrio entre integración de marca y saturación en un formato tan orientado al entretenimiento?

El equilibrio está en entender que, en la Queens League, la audiencia no entra únicamente a ver deporte, sino a entretenerse y a formar parte de una experiencia mucho más amplia. Es un público muy acostumbrado a consumir contenido rápido, dinámico y auténtico, por lo que detecta enseguida cuándo una integración resulta demasiado invasiva o puramente comercial.

Por eso creemos que las activaciones más efectivas son aquellas que entienden el lenguaje propio del ecosistema y se integran de forma natural en la experiencia. Hablamos de contenido nativo, dinámicas vinculadas a la competición, participación de streamers, jugadoras, o acciones que realmente aporten algo a la narrativa y a la conversación que ya existe alrededor de los partidos.

Al final, la clave está en que la audiencia perciba a la marca como una parte orgánica del show y de la comunidad, y no como una interrupción publicitaria dentro del entretenimiento.

Cuando una marca consigue encajar de forma auténtica en ese entorno, el impacto y la conexión con la audiencia son muchísimo más fuertes.

¿Qué tipo de marcas están entendiendo mejor el ecosistema de la Queens League ahora mismo?

Creo que las marcas que mejor están entendiendo el ecosistema de la Queens League son aquellas que han comprendido que esto va mucho más allá del patrocinio deportivo tradicional. No se trata solo de tener visibilidad durante un partido, sino de formar parte de una conversación que mezcla deporte, entretenimiento, cultura digital y comunidad.

Un ejemplo muy claro es adidas. Apostaron por la Kings League prácticamente desde el inicio, en un momento en el que todavía era un formato muy nuevo y existían muchas dudas sobre hasta dónde podía llegar el proyecto. Y lo interesante es que no se han quedado únicamente en una presencia táctica o puntual, sino que han decidido ampliar su apuesta incorporando también la Queens League dentro de su renovación global hasta 2028.

Para nosotros, eso demuestra que han entendido algo clave: el valor diferencial del proyecto no está únicamente en el fútbol, sino en la capacidad de conectar con nuevas audiencias, con la cultura de los creadores y con una comunidad que consume deporte de una manera completamente distinta a la tradicional.

Las marcas que mejor funcionan dentro del ecosistema son precisamente las que entienden esos códigos, se adaptan al lenguaje de la comunidad y apuestan por construir una relación a largo plazo con la audiencia, más allá de una campaña concreta.

¿Os preocupa que el modelo acabe convirtiéndose en un “ruido constante” de impactos comerciales si crece demasiado?

No especialmente, porque creemos que la propia naturaleza de la competición ayuda a evitar precisamente esa sensación de saturación. La Queens League es un entorno muy dinámico, donde constantemente están ocurriendo cosas dentro y fuera del terreno de juego, y eso hace que las activaciones convivan de una manera mucho más orgánica con el propio contenido.

Además, una de las grandes ventajas del ecosistema es nuestra capacidad de adaptar y moldear las integraciones para que encajen de forma natural dentro de la experiencia. No trabajamos las marcas como interrupciones aisladas, sino como elementos que forman parte del propio partido.

Eso nos permite mantener un equilibrio muy importante: generar oportunidades de visibilidad para las marcas sin perder autenticidad ni romper la experiencia del espectador.

Al final, todo está pensado para fluir de una forma natural, sutil y coherente con cómo consume contenido nuestra comunidad.

Uno de vuestros grandes hitos es ese gol con cientos de millones de visualizaciones. ¿Se puede diseñar la viralidad o sigue siendo un accidente?

Creo que la viralidad siempre tiene una parte imposible de controlar y otra que sí puedes favorecer desde el diseño del producto. En el caso concreto del gol de Antonela, que terminó convirtiéndose en uno de los goles más vistos de la historia del fútbol femenino, el componente de sorpresa y de suerte fue enorme. Lo que ocurrió en esos segundos fue completamente excepcional y difícil de explicar.

Pero también es cierto que hay elementos propios de la competición que hacen más probable que sucedan este tipo de momentos únicos. En ese caso concreto, el gol se produce durante una fase de “escalado” del partido, donde el formato pasa a un 1vs1 entre jugadora y portera. Sin esa dinámica específica del reglamento de la Queens League, probablemente esa jugada nunca habría existido, porque en un contexto tradicional habría habido una línea defensiva que impediría una acción así.

Y después entra en juego el ecosistema digital de la Queens League, que amplifica muchísimo todo lo que ocurre. La comunidad, los creadores, las redes sociales y las plataformas de streaming hacen que el contenido viaje muy rápido y que sea la propia audiencia la que impulse esa viralidad de forma orgánica.

Y, por supuesto, también hay que poner en valor a Antonela, porque más allá del formato, lo que hizo fue absolutamente extraordinario. Tener jugadoras con ese talento y esa capacidad para generar momentos únicos también es parte fundamental de la magia de la competición.

"La viralidad siempre tiene una parte imposible de controlar y otra que sí puedes favorecer desde el diseño del producto"

¿Hasta qué punto el resultado deportivo es secundario frente a la narrativa que se construye alrededor?

Van completamente de la mano. Aunque en la Queens League ponemos mucho foco en la experiencia y en el entretenimiento, el resultado deportivo sigue siendo fundamental porque es precisamente lo que despierta las emociones más auténticas: la alegría, la frustración, la tensión, la euforia, la derrota o la celebración. Todo eso forma parte de lo que hace que el deporte conecte de una manera tan especial con la audiencia.

La diferencia quizá está en que nosotros entendemos esas emociones como parte de una narrativa mucho más amplia, donde no solo importa lo que ocurre en el marcador, sino también cómo lo viven las jugadoras, las presidentas, los creadores y la propia comunidad. Ahí es donde se generan historias y momentos que trascienden el partido en sí.

Como ocurre en cualquier deporte, la competición crea rivalidades, giros inesperados, héroes, villanos, decepciones y momentos emocionales que no podrían construirse en otro tipo de entretenimiento. Y en la Queens League potenciamos todo eso a través del ecosistema digital y de la cercanía que existe entre los protagonistas y la audiencia.

Al final, el resultado deportivo nunca es secundario, porque es el motor emocional de todo lo demás. Lo que hacemos es ampliar esa experiencia para convertir cada partido en una narrativa mucho más rica y conectada con la comunidad.

"La Queens League ha demostrado que el deporte femenino no tiene por qué comunicarse únicamente desde el resultado deportivo"

¿Qué papel juegan los creadores en esa construcción narrativa frente a los propios jugadores o jugadoras?

Los creadores y creadoras tienen un papel fundamental en la construcción narrativa de la Queens League porque su implicación va mucho más allá de ser simplemente una figura visible o externa a la competición. En muchos casos, se generan relaciones muy reales y emocionales con las jugadoras y con el propio club.

Lo vemos constantemente con las presidentas de la Queens League: viven la competición con una intensidad enorme y se implican profundamente tanto en el rendimiento deportivo como en la parte personal de las jugadoras. Muchas veces terminan construyendo vínculos muy cercanos, casi familiares, y eso se refleja en cómo interactúan dentro y fuera del campo: en las charlas de vestuario, en la manera en la que celebran las victorias o en cómo se apoyan mutuamente en los momentos difíciles.

Eso hace que la creadora de contenido deje de ser un elemento externo y se convierta en una parte activa del equipo y de la historia que se está construyendo. La audiencia percibe esa implicación como algo auténtico, y ahí es donde nace gran parte de la conexión emocional con la competición.

Además, desde la propia Queens League también hemos diseñado dinámicas que potencian esa narrativa. Un ejemplo muy claro son los penalty shootouts, donde las presidentas pueden bajar al campo en momentos clave del partido y participar directamente en el juego, incluso llegando a cambiar el resultado. Ese tipo de elementos refuerzan todavía más su papel dentro del ecosistema competitivo y hacen que la narrativa no dependa únicamente de lo que ocurre entre las jugadoras, sino también de todo lo que rodea emocionalmente al equipo y a su comunidad.

Muchas marcas están entrando en deporte femenino, pero no siempre con una estrategia clara. ¿Qué estáis viendo vosotros desde dentro?

Creo que ahora mismo muchas marcas quieren estar presentes en el deporte femenino porque entienden que existe una conversación cultural y social muy relevante alrededor de él, y porque también perciben el enorme crecimiento que está viviendo en términos de audiencia, visibilidad e impacto. Pero la realidad es que no todas llegan con una estrategia verdaderamente pensada a largo plazo.

Desde dentro, lo que vemos es que las marcas que mejor conectan con la comunidad son las que entienden que el deporte femenino no puede abordarse simplemente como una versión reducida o una adaptación del deporte masculino. La audiencia de la Queens League, por ejemplo, tiene dinámicas de consumo muy distintas y conecta especialmente con valores como la autenticidad, la cercanía y las historias personales que se generan alrededor de las jugadoras y creadoras.

Aquí la relación con la comunidad es mucho más directa y emocional, y eso obliga a las marcas a construir propuestas mucho más genuinas y participativas. Las activaciones que realmente funcionan son las que entienden el lenguaje del ecosistema, aportan valor y consiguen integrarse de forma natural en la conversación, en lugar de limitarse a buscar presencia o visibilidad.

También creemos que las marcas que apuestan de verdad por este entorno son las que entienden que esto va más allá de una tendencia puntual. El deporte femenino está construyendo nuevas audiencias, nuevas formas de consumo y nuevas referencias culturales, y ahí existe una oportunidad enorme para quienes quieran formar parte del crecimiento de manera auténtica y sostenida en el tiempo.

¿Crees que el interés por el deporte femenino responde a una oportunidad real de negocio o a una tendencia reputacional?

Creo que, en una primera etapa, muchas marcas se acercaron al deporte femenino desde una perspectiva más reputacional, porque existía una conversación social y cultural muy potente alrededor y era importante estar presentes en ese territorio. Pero hoy ya estamos viendo claramente que también hay una oportunidad de negocio real y sostenible detrás de ese crecimiento.

Las audiencias no solo están aumentando, sino que además presentan niveles de engagement y fidelidad muy altos. Y, sobre todo, existe una conexión mucho más auténtica y cercana entre fans, jugadoras, creadoras y competición, algo que genera comunidades especialmente valiosas para las marcas.

En el caso de la Queens League, por ejemplo, vemos cómo la conversación digital, la participación de la comunidad y el consumo de contenido alrededor de las jugadoras y presidentas crea un ecosistema con muchísimo potencial tanto a nivel cultural como comercial.

Además, el deporte femenino todavía tiene un enorme margen de crecimiento. Eso significa que las marcas que entran ahora con una estrategia sólida y a largo plazo tienen la oportunidad de construir relevancia cultural desde una fase mucho más temprana que en otros territorios deportivos mucho más maduros y saturados.

Por eso creemos que el interés actual ya no responde únicamente a una cuestión reputacional. Las marcas empiezan a entender que aquí también hay audiencias muy comprometidas, nuevas formas de consumo y oportunidades reales de conexión y negocio a largo plazo.

¿Qué aprendizajes de la Queens League podrían trasladarse a otras competiciones femeninas más tradicionales?

Creo que uno de los grandes aprendizajes que deja la Queens League es que el deporte femenino no tiene por qué comunicarse únicamente desde el resultado deportivo o desde una dimensión más institucional. Muchas competiciones tradicionales siguen centrando gran parte de su narrativa en lo que ocurre en el marcador, mientras que nosotros hemos demostrado la importancia de construir historias, personalidad y entretenimiento alrededor de las jugadoras, las presidentas y la propia competición.

Otro aprendizaje muy relevante es la necesidad de generar una relación mucho más cercana con la comunidad. Hoy la audiencia no quiere limitarse a consumir un partido de forma pasiva; quiere sentir acceso, conversación e interacción constante. La integración de redes sociales, streamers, contenido en tiempo real y formatos participativos permite que el fan forme parte activa del ecosistema y no solo sea un espectador más.

También creemos que la Queens League ha demostrado que el deporte femenino puede crecer construyendo sus propios códigos y su propia identidad, sin necesidad de replicar exactamente las dinámicas históricas del deporte masculino. Existe espacio para conectar con nuevas audiencias desde un lenguaje más cercano, cultural y digital, donde el entretenimiento y la comunidad tienen un peso tan importante como la propia competición.

Al final, se trata de entender cómo consumen contenido las nuevas generaciones y adaptar la experiencia deportiva a esa realidad, sin perder la esencia competitiva pero ampliando muchísimo la forma en la que se vive y se comparte el deporte.

"El deporte femenino puede crecer construyendo sus propios códigos y su propia identidad, sin necesidad de replicar las dinámicas del deporte masculino"

Si proyectas la Queens League a cinco años, ¿crees que evolucionará más hacia un producto deportivo… o hacia una plataforma de entretenimiento híbrida donde el fútbol sea casi una excusa?

Creemos que la esencia de la Queens League está precisamente en que deporte y entretenimiento nunca compitan entre sí, sino que evolucionen juntos. Esa combinación híbrida forma parte del ADN del proyecto y pensamos que ahí reside gran parte de su éxito.

Las competiciones más tradicionales, como la LigaF, seguirán teniendo un papel fundamental y ofreciendo una experiencia mucho más centrada en lo estrictamente deportivo, con una audiencia que disfruta el fútbol desde ese enfoque más clásico. Y creemos que ambos modelos pueden convivir perfectamente, porque responden a maneras distintas de consumir el deporte, pero comparten la misma pasión por el fútbol.

En el caso de la Queens League, seguiremos apostando por ese modelo híbrido donde el deporte, el entretenimiento, los creadores y la comunidad forman parte de una misma experiencia. Además, cada vez vemos más puntos de conexión entre ambos mundos. Un ejemplo muy claro es Vicky López, jugadora del FC Barcelona Femení y también presidenta dentro del ecosistema Queens League. Ese tipo de perfiles reflejan muy bien cómo las fronteras entre competición tradicional y nuevos formatos son cada vez más naturales.

A cinco años vista, uno de nuestros grandes objetivos pasa por replicar con la Queens League el crecimiento internacional que ya estamos viendo con la Kings League. Creemos que la Queens League tiene potencial para alcanzar una dimensión internacional incluso mayor. Ya estamos viendo muchísimo interés en mercados como Brasil o Italia, y queremos seguir impulsando competiciones globales como la Finalissima de Queens League, que arrancó enfrentando a las campeonas de España y México.

Y probablemente el gran reto estratégico a futuro sea Estados Unidos, donde el fútbol femenino tiene una comunidad enorme y muy consolidada. Estamos convencidos de que el componente híbrido, digital y participativo de la Queens League conecta muy bien con la manera en la que esas audiencias consumen deporte y entretenimiento hoy en día.