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La ropa interior menstrual se integra en el uniforme escolar para garantizar el acceso a la educación

Un proyecto impulsado en Colombia incorpora la protección menstrual al sistema educativo para reducir el absentismo escolar y combatir el estigma

Un nuevo proyecto educativo en Colombia ha comenzado a integrar la ropa interior menstrual como parte del uniforme escolar obligatorio, con el objetivo de garantizar el acceso regular a la educación y preservar la dignidad menstrual de las estudiantes.

La iniciativa, impulsada por Somos Martina con el respaldo del Ministerio de Educación, aborda una problemática estructural que afecta a millones de niñas en América Latina. Según datos regionales, una de cada cuatro niñas falta de forma recurrente a la escuela durante su periodo menstrual por no disponer de productos adecuados o por miedo a sufrir situaciones de vergüenza asociadas a filtraciones.

La ausencia reiterada impacta directamente en su rendimiento académico y en sus oportunidades futuras, especialmente en contextos donde la menstruación continúa siendo un tema silenciado tanto en el entorno familiar como escolar.

El proyecto, denominado The Period Uniform (El Uniforme Menstrual), se ha implementado por primera vez en la Institución Educativa Mayor de Mosquera, en Bogotá, convirtiéndose en el primer centro público en incorporar oficialmente la ropa interior menstrual dentro de los artículos escolares obligatorios.

La iniciativa cuenta con el apoyo de la viceministra de Educación, Lucy Maritza Molina Acosta, quien ha subrayado la necesidad de abordar la salud menstrual de forma estructural dentro del sistema educativo. A diferencia de otros programas basados en la distribución puntual de productos, el modelo propone una solución integrada en la infraestructura existente de los uniformes escolares, obligatorios en Colombia. De este modo, el cuidado menstrual deja de depender de acciones temporales o donaciones y pasa a formar parte del diseño del sistema educativo, eliminando barreras de acceso y reduciendo el estigma.

El proyecto persigue cuatro objetivos principales: normalizar la protección menstrual como un estándar educativo; evitar que las niñas tengan que iniciar conversaciones incómodas para pedir ayuda; facilitar la escalabilidad del modelo al apoyarse en procesos ya establecidos; y reducir costes a medio plazo, ya que la ropa interior menstrual tiene una vida útil de hasta tres años y resulta más asequible que los productos de un solo uso.

En este contexto, Somos Martina suministra las prendas a un precio equiparable al de la ropa interior convencional y proporciona materiales educativos sobre salud menstrual. Desde el ámbito educativo, el impacto es inmediato.

“Es un problema real que las niñas se queden en casa por miedo a mancharse o porque no pueden pagar productos menstruales. Incorporar esta protección al uniforme garantiza que ninguna estudiante se quede atrás”, señala Jhoana Rincón M., docente del centro pionero en la implantación del modelo.

La iniciativa se enmarca en un problema de alcance global. De acuerdo con ONU Mujeres, una de cada cuatro adolescentes tiene dificultades para costear productos menstruales, mientras que el Banco Mundial estima que cerca de 500 millones de mujeres y niñas carecen de acceso adecuado a productos y servicios de gestión de la higiene menstrual.

Para ampliar el debate público y promover la adopción del modelo a mayor escala, Somos Martina ha puesto en marcha una campaña internacional de sensibilización, desarrollada en colaboración con Serviceplan Innovation, que incluye contenidos editoriales, un cortometraje documental y una plataforma informativa multilingüe.

El objetivo es trasladar la conversación sobre dignidad menstrual desde el ámbito social al diseño de políticas públicas educativas.

“El acceso a una protección menstrual adecuada no debería condicionar la educación de ninguna niña”, afirma Patricia Franco Reyes, CMO de Somos Martina. Y añade que “integrar la ropa interior menstrual en el uniforme escolar permite acompañarlas desde su primera menstruación con soluciones duraderas, sostenibles y alineadas con su día a día”.

El proyecto continúa ahora su fase de expansión hacia otros centros educativos, con la aspiración de que el cuidado menstrual forme parte de los estándares básicos de la educación pública y deje de ser un factor de exclusión escolar.