El sector del vino trabaja la construcción de su identidad de marca en el lineal

Nielsen pone de relieve la necesidad de identificar los valores que construyen la marca e incorporarlas al envase y a la etiqueta como primer punto de contacto con el consumidor

Teniendo en cuenta que más de la mitad de decisiones de compra se toman frente al lineal y que cada vez es más difícil sobresalir en el complejo del lineal de vinos, Nielsen ha analizado el comportamiento de los consumidores frente a estos productos en el lineal. Según su estudio, un vino se hace notar en el lineal si el consumidor se fija en él en los cuatro primeros segundos, y capta la atención si se mantiene ante él los siete primeros segundos. Pero es que además, si el nuevo diseño del envase funciona, el producto crece en ventas una media del 5,5%.

El análisis de los consumidores ante el lineal de vino permite conocer si un producto cumple con dos máximas principales para su compra: la visibilidad y la atención; eso si, sin olvidar, otras premisas, como trasmitir las bondades de la marca y sus valores.  Además, hay que tener en cuenta no sólo el momento de compra, sino también el momento ya en casa, cuando la botella está constantemente lanzándonos mensajes, o trasmitiendo una imagen de nosotros cuando la llevamos a una cena donde queremos quedar bien y causar impresión.

En este sentido, a la hora de definir sus estrategias de marca, las bodegas deben tener en cuenta que en el mercado de gran consumo más de la mitad de las decisiones de compra se toman frente al producto, el llamado momento de la verdad. Es por ello por lo que es necesario identificar los valores que construyen la identidad de la marca y sus ventajas competitivas frente al resto, e incorporarlas al envase y a la etiqueta, que conforman el primer punto de contacto con el consumidor.

Rediseñar para crecer

Una vez constatado que el producto tiene que mejorar en visibilidad y atractivo, se pueden analizar qué elementos concretos de la botella y la etiqueta pueden mejorarse y actuar en consecuencia, elaborando varios diseños presentados a los consumidores y a los que se confronta para saber qué respuesta genera en ellos.
En este sentido, para refrescar un producto y dar un aire nuevo al diseño, es necesario entender qué se quiere transmitir al consumidor y qué transmite la competencia, qué elementos son los que más gustan y cuáles merecen mejoras. Así se asegura un buen reenfoque, ya que en el mercado de gran consumo sólo uno de cada diez rediseños en packaging genera un aumento de ventas.