Anunciantes y sus frentes

Daniel Campo, director de El Publicista (Columna Nº 216)

Los anunciantes están que trinan. No conozco yo a la AEA en papel tan reivindicativo como ahora, y siempre ha estado en pugna por temas televisivos y legislativos. Ruedas de prensa, lobby con los políticos, comunicados, campaña de street marketing en el Congreso de los Diputados con los “iconos de la publicidad” y movilizaciones web tipo pásalo configuran sus armas para hacerse oir frente a la salvaje propuesta de la ley de lo audiovisual que preve subir de 12 a 29 los minutos por hora de programación, y de paso contra el daño colateral de subida de tarifas. Sólo les queda hacer un “día sin publicidad”, cosa que no descartan aunque primero quieran agotar otras vías, según ha reconocido su presidenta Patricia Abril.
Los anunciantes, y toda la industria publicitaria que les apoya, tienen ante si diversos frentes abiertos. Principalmente son tres: consumidores, políticos y televisiones, unidos ahora por el entorno legislativo de la futura ley de lo audiovisual. Los consumidores no entienden la paradoja de que los anunciantes estén en contra de más minutos de publicidad, los políticos solo quieren saber de la publicidad cuando hay elecciones y las televisiones, ¡ay las televisiones!, no les tratan como los jefes, ni siquiera como clientes.
Las televisiones son cuatro, pero van a ser dos, confirmada ya la adquisición de Cuatro por Telecinco y en ciernes la fusión Antena 3-La Sexta. Y juntas enganchan a los consumidores, encandilan a los políticos y hacen lo que quieren con los anunciantes. Siempre ganan. Con las fusiones incluso se hacen más fuertes, salvan el escollo de la segmentación y ofrecerán cobertura, osea que con sus nuevas formas de gestión seguirán dando guerra por mucho tiempo. Internet tendrá que esperar.
A los Reyes Magos, los anunciantes, y todos los que vivimos en este mercado, deben pedir más comprensión sobre la profesión publicitaria. Y quizá no vendría mal una campaña de imagen de la publicidad para concienciar al personal. Para que no tengamos que recurrir al viejo tópico del pianista del burdel y para que sepa todo el mundo lo que pretendemos en este sector.
Feliz Navidad y próspero año nuevo, con menos crisis.