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Cambiar el foco para no desenfocarse

Por Lorraine Gallard

Reciclaje, reinvención, multiusos, energía, capacidad, tirar hacia delante.

No son palabras sueltas.

Son formas de estar en el mundo.

Hay gente que cambia porque quiere.

Y hay gente que cambia porque no le queda otra.

Probablemente la segunda aprende antes. La necesidad tiene esa particular manera de desarrollar habilidades que nadie había pedido: resiliencia, creatividad, capacidad de reacción, imaginación, intuición. Un máster bastante completo, aunque sin diploma y normalmente con horarios horribles.

Nos han enseñado que saber quién eres significa saber exactamente qué haces.

Que una profesión tiene que tener un nombre.

Que una trayectoria tiene que poder explicarse de principio a fin sin demasiados “plot twists”.

Que tener foco es elegir un punto y no apartar la mirada.

Y así llegarás a la cima. Al éxito.

¿Cuántos libros del business perfecto o de autoayuda te dicen eso?

Pero quizá hemos entendido mal el foco.

Porque el mundo no se queda quieto para que nosotros podamos seguir mirando al mismo sitio.

Cambia.

Y bastante rápido.

Cambian las herramientas, los trabajos, las industrias, las relaciones, la forma de consumir, de comunicarnos, de crear, de aprender.

Cambian incluso profesiones que hace diez años parecían inamovibles.

Pretender que nosotros no cambiemos con todo eso me parece, como mínimo, surrealista.

Y, sin embargo, seguimos asociando cambiar con estar perdido.

Probar cosas con no saber qué quieres.

Tener intereses diferentes con dispersión.

Moverse con falta de compromiso.

Como si una vida bien construida tuviera necesariamente que ser una línea recta y correcta.

Inicio.

Desarrollo.

Ascenso.

Éxito.

Fin.

Muy PowerPoint todo.

Pero hay personas que funcionan de otra manera.

Aprenden algo.

Lo utilizan.

Lo mezclan con otra cosa.

Lo llevan a otro lugar.

Lo abandonan.

Lo recuperan diez años después.

Conectan cosas que aparentemente no tenían nada que ver.

Y, de repente, aquello que parecía dispersión empieza a tener bastante sentido.

Porque reinventarse no siempre significa empezar de cero.

De hecho, casi nunca.

Significa reciclar lo que ya sabes.

Mirarlo desde otro sitio.

Sumarle algo nuevo.

Quitarle algo viejo.

Entender dónde puede servir ahora.

Una habilidad no tiene por qué servir para una única cosa.

Una profesión tampoco debería convertirse en una jaula solo porque un día alguien decidió ponerle un nombre.

Ahí entra algo que quizá valoramos poco: la capacidad de observar.

Mirar qué está pasando.

Qué está dejando de funcionar.

Qué está apareciendo.

Qué necesita la gente.

Qué preguntas empiezan a repetirse.

Qué conocimientos empiezan a conectarse.

No hace falta ser visionario.

Ni tener una bola de cristal.

Ni subirse a un escenario a explicar cómo será el mundo en 2047 con una presentación llena de flechas.

Hago un paréntesis.

En la película Code 46, ambientada en 2077, vemos un futuro distópico donde las personas hablan mezclando palabras de distintos idiomas con total naturalidad. Me encanta. Y cada vez me parece menos ciencia ficción.

Cierro paréntesis.

Volvamos.

Hace falta prestar atención.

Y aprender.

Aprender constantemente.

No necesariamente haciendo cursos de todo.

También hablando con gente que sabe cosas que tú no sabes.

Leyendo.

Escuchando.

Probando.

Equivocándote. (Ay, ay, ay, cómo aprendes equivocándote).

Preguntándote por qué algo funciona como funciona y, sobre todo, si podría funcionar de otra manera.

Porque también existe una especie de comodidad profesional bastante peligrosa: hacerse muy bueno en algo y asumir que eso será suficiente para siempre.

Puede que sí.

Puede que no.

El problema es que, cuando descubrimos la respuesta, suele ser un poco tarde.

Por eso cambiar el foco no siempre significa perderlo.

A veces cambiar el foco es precisamente lo que evita que acabemos desenfocados.

Mirar hacia delante.

Hacia atrás.

A los lados.

Cambiar de perspectiva.

Moverse.

Retarse.

Reciclarse.

Volver a aprender.

La reinvención no tiene por qué ser una gran transformación dramática.

Puede ser simplemente mantenerse suficientemente despierto como para entender que aquello que te trajo hasta aquí quizá no sea exactamente lo que te lleve al siguiente lugar.

Y conservar ese pequeño je ne sais quoi.

Curiosidad.

Instinto.

Capacidad de movimiento.

Esa vocecita que, cuando todo el mundo está haciendo las cosas de una determinada manera, pregunta:

¿Y si lo hacemos de otra manera?

Porque el riesgo de saber hacer solo una cosa, de una única manera, no es perder el foco.

Es que el mundo cambie de dirección mientras tú sigues perfectamente enfocado.

 

 


Lorraine Gallard (LinkedIn) es fundadora de Gravitate y estratega creativa con más de 20 años de experiencia en publicidad, producción y storytelling. Después de trabajar con agencias, marcas, productoras y talento internacional en compañías como 14, LaLiga Studios, DAVID, Saatchi&Saatchi, Plastic Pictures y Cubo. Hoy asesora a empresas y profesionales creativos en estrategia, posicionamiento y desarrollo de talento.