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Cuando el trabajo te destruye a ti, y a tu pareja

José de Sola, doctor en Psicología - Psicólogo Psicoterapeuta Clínico en  DE SALUD PSICÓLOGOS Psicología y Psicoterapia Especializada

En ocasiones el trabajo puede llegar a destruir una relación de pareja. Es complicado armonizar las necesidades familiares con los requerimientos laborales en tiempo y dedicación. No obstante, además de ser un problema objetivo acorde a determinados puestos de trabajo, sin embargo también existen circunstancias subjetivas que pueden determinarlo.

En general, la falta de conciliación suele tener como consecuencia estrés, ansiedad, depresión, insomnio así como discusiones y enfrentamientos que pueden derivar en rupturas o distanciamientos. En casos extremos, se observa abuso de alcohol, de tranquilizantes, de drogas o de adicción al sexo, al deporte, a las compras o al juego, que llegan a requerir la ayuda de psicólogos especializados.

Lo que está claro es que, bien sea porque no se sepa cómo hacerlo, se tenga miedo o inseguridad, no se pueda por las propias exigencias familiares y laborales o porque no se quiera, en la medida en que el trabajo se convierte en una esclavitud, obsesión, adicción o medio de evasión, el resultado puede derivar en un distanciamiento familiar, pérdida de amistades o en determinados trastornos psicológicos.

Cuando el trabajo requiere mucha dedicación

Hay trabajos de responsabilidad que llevan implícito tiempo y disponibilidad, incluso en fines de semana y periodos vacacionales. No es fácil salir de esta situación porque no solo el puesto puede conllevar mucha dedicación, sino porque también existen culturas empresariales que obligan a un exceso de horas. ¿Se puede salir de esta situación sin perder el trabajo?

Este es el caso de Félix, un abogado que trabaja en un bufete de prestigio con importantes clientes. Cada día comienza muy temprano su trabajo y llega a casa tarde, por la noche. Incluso tiene que trabajar algunos fines de semana. Vive en pareja, y recientemente ha sido padre por primera vez. Su mujer no trabaja y se pasa el día sola con el bebé.

Félix adora su trabajo, pero también adora a su mujer con la que ya ha tenido varios enfrentamientos con amenaza de ruptura. En alguna ocasión ha planteado a sus superiores el problema y necesidad de llevar menos casos, por lo menos quitarse los que implican más viajes y estancias fuera de casa. Apenas hubo respuesta o entendimiento. En el momento de la consulta acude con estrés y ansiedad.

Cuando existe miedo a no hacerlo bien, a no ser suficiente

También puede darse el caso, en personalidades perfeccionistas, que el miedo o la inseguridad personal resulten ser factores determinantes. Es decir, un trabajo en sí mismo puede ser muy absorbente, pero también puede haber un exceso de dedicación por miedo o inseguridad. El temor a fallar, a hacerlo mal, a no estar a la altura, puede arruinar una relación de pareja. Dicho miedo puede ser implícito, es decir, propio de personalidades en sí mismas inseguras o excesivamente perfeccionistas, o ser el resultado de experiencias laborales negativas anteriores, como un despido.

Antonio desde hace tiempo trabaja como director general de una importante empresa. Tras un recorrido laboral con éxito, en su anterior trabajo tuvo conflictos con su superior lo que le obligó a abandonar la compañía. En el puesto actual debe viajar constantemente teniendo además amplias competencias que le requieren mucho tiempo. No obstante, tiene miedo a fallar, de volver a tener problemas y a perder su trabajo, con lo que cada vez llega más tarde a casa, trabajando los fines de semana y vacaciones. Su mujer ya le ha planteado algún ultimátum dado el poco tiempo que dedica a su familia, algo que Antonio entiende pero no sabe cómo afrontar. Teme quedarse sin trabajo, de perder competencias o su propio puesto. En el momento de la consulta acude con síntomas de ansiedad y depresión.

Cuando el trabajo es una adicción

Los adictos al trabajo, o 'workalcoholics', sienten que el trabajo es el centro de su vida, teniendo todo lo demás escasa importancia, incluida la familia, ocio y vida social. Llevarse trabajo a casa para acabarlo por la noche o los fines de semana es habitual en estas personas. No conciben el descanso, el relax o el ocio; lo sienten una pérdida de tiempo. Son hiperactivos. Es habitual verles trabajar hasta el último momento, incluso en la cama con el portátil.

En general, tras la adicción al trabajo existe una gran necesidad de éxito, poder o estatus económico. Sin embargo, como en muchas adicciones, en la base se encuentra un vacío e inquietud que solo se llena con la actividad y la fantasía del éxito. Estas personas son incapaces de reducir el ritmo sin experimentar ansiedad o irritabilidad, por eso se considera que es una adicción.

Como ejemplo tenemos el caso de Julia, una mujer joven ambiciosa que, por razones personales y psicológicas, el trabajo era el centro de su vida. Trabajaba prácticamente todo el día, incluidos fines de semana. Había logrado crear una empresa de éxito, pero no se tomaba un instante de descanso, lo sentía una pérdida de tiempo. Realmente no le hacía falta tanta dedicación, tantas horas.

Julia acudió presionada por su pareja, como en tantos casos de este tipo. No solo se le reprochaba falta de tiempo en familia sino también de comunicación. Su vida se había convertido en una rutina en donde solo se hablaba de su trabajo. Lo llamativo es que Julia no sentía estar haciendo algo mal y acude a nuestra consulta coaccionada por su pareja.

Cuando el trabajo es una evasión

Algo parecido es cuando el trabajo se convierte en un medio de evasión ante una vida personal insatisfactoria. Realmente no son necesarias tantas horas de trabajo, tanto tiempo en la oficina. Simplemente se intenta estar lo menos posible en casa, a solas o acompañado por la familia. Los fines de semana, o llegar a casa supone un suplicio. Aquí lo que falla es la propia vida personal, la insatisfacción o inquietud con el entorno personal más cercano.

Jose Maria tiene un negocio próspero que le obliga a viajar con frecuencia. Sin embargo, suele alargar sus estancias y viajes a fin de estar el menor tiempo posible en casa con su pareja, con la que discute a menudo. No quiere separarse, pero no la soporta. Prácticamente está toda la semana fuera, de lunes a viernes; incluso algunos domingos se inventa excusas para irse antes.

Cuando falta el apoyo de la pareja

Un caso que se da con cierta frecuencia es cuando en la pareja existen dos ritmos laborales distintos, cuando no se entiende el trabajo del otro ni el tiempo que invierte. Aquí no se trata necesariamente de que el trabajo sea absorbente, sino que no se llega a comprender la dedicación que se le presta. Expresiones como ‘no entiendo porque tienes que trabajar tanto’, ‘te están explotando’, ‘estás haciendo ganar dinero a otros a costa de tu tiempo’. En este tipo de problemática podrían concurrir también cualquiera de las circunstancias anteriores: un trabajo exigente, perfeccionismo o adicción al trabajo.

Inés es una paciente joven que ha comenzado a trabajar en un departamento de recursos humanos de una compañía multinacional. Su pareja es funcionario y no trabaja por las tardes. Sin embargo, Inés acaba a última hora de la tarde. Las discusiones son frecuentes; él cree que están abusando de ella, no entiende porqué tanto tiempo, cree que no hay necesidad.

Y entonces, ¿qué hacer?

Si revisamos cada una de las posibilidades anteriores, podemos hacernos las siguientes preguntas:

  • ¿Trabajo en exceso por miedo, inseguridad, por temor a no gustar, a ser despedido?
  • ¿Siento que no puedo vivir sin trabajar tanto, que es una necesidad que no puedo controlar?
  • ¿El trabajo es en sí mismo exigente, conlleva tanto tiempo y dedicación, o lo hago por la presión del entorno laboral, por miedo a ser distinto al resto?
  • ¿Mi pareja me entiende?, ¿Quiere que reduzca mis responsabilidades para estar más tiempo juntos?

Trabajar en exceso por miedo, inseguridad o perfeccionismo implica un sobresfuerzo. En este caso es nuestra propia falta de seguridad o necesidad de perfección lo que está creando el problema. Es muy probable que este tipo de personas sean igual en otras áreas de su vida, lo que puede hacer en general difícil la convivencia con ellos.

En estos casos es más adecuado atajar el miedo mediante algún tratamiento psicológico o intentar vencerlo equilibrando la eficacia con un tiempo razonable de dedicación. No olvides que no es fácil para una empresa encontrar buenos profesionales; si tu trabajo es bueno y crees que eres competente, no debería ser un problema que ajustases tu horario para poder disponer de más vida privada.

Igualmente, trabajar como forma de sentirse bien es correcto sobre todo si te gusta lo que haces, siempre y cuando no interfiera en otras áreas de la vida. Ahora bien, si se trata de una adicción tenemos un problema que puede convivir con otro tipo de conductas compulsivas en el ámbito del sexo, del deporte, de las compras, de Internet, o en el abuso de drogas como el cannabis o cocaína. Aquí también es necesaria la ayuda de un psicólogo.

También es muy probable que el trabajo que hayas elegido o te guste mucho, o en sí mismo sea exigente. En efecto, determinados puestos y responsabilidades requieren un tiempo y dedicación que se dice que ‘va con el cargo’. En este caso, como hemos indicado antes, tendrás que valorar si te compensa o si puedes negociar, siempre manteniendo un buen nivel de competencia.

O es posible que tu pareja no te entienda, principalmente si el ritmo y exigencias laborales de ambos son muy distintas. En este caso no queda más remedio que conversar y alcanzar un buen nivel de empatía mutua, buscando un equilibrio satisfactorio para ambos.

Por ello, la conclusión más importante que podemos extraer es que, tanto si te gusta mucho o poco el trabajo que tienes, es fundamental equilibrar tu dedicación en las diferentes esferas de la vida. Trabajar en exceso bajo la losa del miedo, de la inseguridad o del vacío personal nunca va a traer buenas consecuencias. Uno de los sufrimientos más habituales que vemos en la consulta proviene de la rabia y sensación de estupidez que se siente cuando después de años ‘dejándose la piel’ por la empresa, de pronto se sufre un despido. Esto ocurre y seguirá ocurriendo; las empresas son sistemas cambiantes, regidos por criterios y objetivos que no siempre compensan los esfuerzos personales.

Como me dijo una vez una buena amiga: ‘Hay que perder el miedo y cultivar la autoestima. Trabajar y comprometerse, como todo en la vida; poner las cosas claras, no dejarse amedrentar y saber qué es lo importante; sin duda lo primero es lo primero: tus cosas, tu gente, tu familia. Acostumbrar a la empresa, a los demás en general, a decir que si a todo, es un error; una negativa firme y serena también se valora. No se puede vivir con miedo, hay que atreverse, de lo contrario siempre serás víctima de ti mismo’.

Ante esto, no es de extrañar que muchos profesionales, a lo largo de sus carreras, acaben agotados, frustrados, ‘reinventándose’ con actividades más satisfactorias, o anticipando la jubilación.

Pero, ¿hace falta llegar a esto?


José de Sola Gutiérrez. Psicólogo colegiado en el colegio de Psicólogos de Madrid.  Licenciado en Psicología por la Universidad Pontificia de Comillas (1985). Formado como psicoterapeuta clínico (desde 1985).  Master en Psicofarmacología y Drogas de Abuso (2012). Miembro de diversas asociaciones y sociedades científicas en psicología y psicoterapia. Doctor en Psicología (Universidad Complutense de Madrid, 2017).
Ha trabajado desde 1988 en diversas empresas nacionales y multinacionales como técnico, responsable técnico y director de departamento, en investigación de mercados cualitativa y cuantitativa y análisis del comportamiento del consumidor. Desde 2007 como psicólogo psicoterapeuta clínico en diversos centros de psicología y psicoterapia. En 2012 inicia su propio proyecto psicoterapéutico en De Salud Psicólogos.
Trabajó como profesor del Master de ‘Neuromarketing y Comportamiento del Consumidor’ (2014-2016) así como en el IE University (School of Psychology. Segovia) impartiendo Psicología y Comportamiento del Consumidor (20082011). Desde 1995 ha colaborado e impartido clases de psicología del consumidor e investigación de mercados en diversos centros y escuelas de negocios.
Desde 2012 investiga y publica en el ámbito de las adicciones a las nuevas tecnologías, especialmente al teléfono móvil.
De 2005 a 2009 fue miembro de la junta directiva de AEDEMO (Asociación Española de Estudios de Mercado y Opinión) desde donde organizó diversos eventos monográficos (seminarios, jornadas, conferencias, etc).