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Diez formas de ahogarte en la vida

José de Sola, Doctor en Psicología, Psicólogo Psicoterapeuta Clínico DE SALUD PSICÓLOGOS Psicología y Psicoterapia Especializada 

Todos tenemos un sistema de creencias, estilos o formas de ver la vida; dan seguridad, nos ayudan a dirigir el día a día. Todas se aprenden, esencialmente en la familia; cada una tiene un sistema que influye en los hijos, así como los padres fueron influidos por las creencias de los abuelos. Se transmiten de generación en generación. Pero también es relevante el peso del entorno social, religioso, laboral o de la pareja. En cada núcleo del que formamos parte existen creencias que nos obligan, de la misma forma que en los grupos o personas que nos gustan, a los que admiramos o seguimos. Ahí tenemos las redes sociales.

Sin embargo, muchas de estas creencias, estilos o formas de ver la vida no son útiles; entorpecen nuestro bienestar, nos acaban ahogando, amargando nuestra existencia y la de los demás.

Los ‘tengo que’, o el arte de ponerte una soga al cuello

¿Quién no ha sentido, por ejemplo, el conflicto de que le pidan cosas que no le apetece hacer y no saber negarse? Algunas personas te miran estupefactos cuando les planteas que no tienen por qué hacerlo si no les apetece; no saben eludir las peticiones de alguien cercano. Su sistema de creencias les dice ‘tienes que estar para los demás’.

Los ‘Tengo que’ son órdenes internas resultado de este sistema de creencias. Suelen ser automáticas, inconscientes, dirigen nuestra vida. Nos las exigimos tanto a nosotros como a los demás, y se las enseñamos a los nuestros como el ‘orden natural de la vida, de las cosas’. Cuando las seguimos nos sentimos bien, satisfechos. Pero cuando las transgredimos, nos invade el desasosiego y la culpa.

Sin embargo, si nos mantenemos inflexibles frente a un sistema de creencias irracionales, estamos ante la mejor forma de estrangularnos, principalmente si aparece un conflicto entre lo que se desea y lo que se considera que se debe hacer. No obstante, en situaciones extremas, podemos darnos cuenta de las limitaciones con las que hemos vivido y acabamos rompiendo los corsés que han robado nuestra espontaneidad y libertad. Desgraciadamente son pocos los que llegan a tanto.

¿Qué forma eliges para estrangularte?

Tanto por su contenido como por su inflexibilidad, son muchas y variadas las posibilidades de ahogarte sin piedad. Sin embargo, algunas muy son frecuentes, son casi estándares sociales. Veamos las más comunes y conocidas:

  • Tengo que tener éxito, ser un ganador. Esta creencia, llevada a un extremo, suele ser letal para la salud mental. Se apoya en la dicotomía de ‘éxito-fracaso’, de ‘ganador-perdedor’ cuya esencia es una importante posesión de bienes materiales, una posición laboral de prestigio, en la consecución de poder o en la abundancia económica.
  • Tengo que tener siempre las cosas claras. ¿Quién ha dicho que la madurez tenga que ver con el tener siempre todo claro en la vida?. No hay mejor forma de castigarse a uno mismo criticándose por dudar, no saber que hacer o no tener un objetivo claro en un momento dado. Dudar, el no saber en un momento dado, forma parte de nuestra naturaleza. Así es que, relájate, eres humano.
  • Tengo que estar siempre contento. De nuevo nos encontramos con la dictadura de la felicidad en la que actualmente vivimos. Desde esta concepción, la tristeza y el desánimo no tienen espacio. Hay que estar siempre contentos, ser positivos, mirar hacia delante. Sin embargo, la tristeza forma parte de la vida, igual que la alegría. Hacerse el fuerte e ignorar los sentimientos negativos no hace más que prolongarlos.
  • Tengo que ser feliz en la vida. Es una extensión de lo anterior, y una de las losas que más pueden amargarnos la existencia. Aunque nos esforcemos intencionadamente por mejorar nuestra vida, comprando, viajando, buscando el prestigio o la admiración, la felicidad escapará a nuestro control. Procura hacer día a día lo que te apasiona, ama y déjate querer, y con el tiempo sentirás que eres feliz.
  • Tengo que estar para los demás. Esta creencia está muy arraigada y tiene fuertes raíces religiosas: siempre hay que pensar en los demás antes que en uno mismo. No hacerlo es egoísta: ‘total, no me cuesta nada’, sueles decirte. Sin embargo, si lo haces constantemente, estás pagando muy cara la seguridad y aceptación que necesitas. Piensa en ti y, en la medida de lo posible, no hagas lo que no te apetece.
  • Tengo que estar sano. Como principio es admirable. Pero cuando se convierte en ‘tengo que estar muy sano’, empiezan los problemas. En el fondo se encuentra un temor desmedido a la enfermedad o la búsqueda de una imagen impecable: gimnasio casi a diario, comida muy sana, cálculo obsesivo de calorías, yoga, etc. Si estos cuidados invaden una gran parte de tu tiempo, tienes un trastorno.
  • Tengo que ser independiente. Si entendemos la independencia como el no depender de nadie, cualquier intento está condenado al fracaso. Esta creencia es contraria a la naturaleza humana. Es un estilo de vida que publicitariamente se ha vendido asociado al éxito pero que también se sostiene en el miedo al rechazo personal; fomenta la hiperactividad, el tener muchos amigos, pero sin vínculos sólidos.
  • Tengo que hacer todo bien. Es el mantra de los perfeccionistas. Supone la supervisión constante de lo que se hace o se dice, así como terror al error. Si este miedo es muy intenso, aparece la procrastinación de las obligaciones, o el aislamiento social. En una sociedad tan competitiva como la nuestra, los errores no son bien vistos. Un constante temor al ridículo, al fracaso o al rechazo pueden amargarte la vida.
  • Tengo que caer bien a los demás. Desgraciadamente esto no siempre depende de ti. Puedes hacer esfuerzos, pero no debes inmolarte en el intento. La química entre las personas depende de muchos factores, no solo de lo que tu hagas. Si inviertes demasiado en agradar, el resultado será que tu autoestima dependerá de los demás, ofreciendo una imagen artificial que no siempre lograrás mantener.
  • Tengo que aprovechar siempre el tiempo. Existe la creencia irracional de que la inactividad, el descansar, es improductivo, inapropiado. Dicha creencia tiene raíces sociales y económicas; proviene de la cultura del esfuerzo en donde trabajar mucho y hacer siempre algo útil está muy bien visto. Dicha creencia fomenta la hiperactividad sin descanso, el esfuerzo en llenar el tiempo con tareas constantes.

¿Qué puedes hacer para respirar?

No es fácil, pero se puede. Lo más importante es darte cuenta e identificar lo que te está ahogando en tu día a día, amargándote la vida. Analiza las creencias que están detrás, así como lógica e inflexibilidad con las que las has mantenido, lo que realmente te han aportado. Si cambias, sentirás culpa, seguro. Pero este sentimiento ha demostrado ser muy poco útil, es un gran enemigo de la salud mental.

Hasta ahora has asumido con la mayor naturalidad del mundo que las cosas son así, que es el orden natural. Es lo que te han enseñado. Pero ya ves el coste que tienen sobre tu bienestar; de hecho, seguro que ya tienes una marca en el cuello. Te has asfixiado en más de una ocasión.

Pero, lo peor de todo es que también, sin darte cuenta, has educado y seguramente presionas a los tuyos para que actúen de la misma forma; te cuesta aceptar que puedan vivir con otro tipo de creencias. Si presionas es la mejor forma de tener problemas con tu familia, hijos, amigos o compañeros de trabajo. Es posible que los tengas ya. Por lo tanto, no les ahogues, no les pongas también una soga al cuello.


José de Sola Gutiérrez. Psicólogo colegiado en el colegio de Psicólogos de Madrid.  Licenciado en Psicología por la Universidad Pontificia de Comillas (1985). Formado como psicoterapeuta clínico (desde 1985).  Master en Psicofarmacología y Drogas de Abuso (2012). Miembro de diversas asociaciones y sociedades científicas en psicología y psicoterapia. Doctor en Psicología (Universidad Complutense de Madrid, 2017).
Ha trabajado desde 1988 en diversas empresas nacionales y multinacionales como técnico, responsable técnico y director de departamento, en investigación de mercados cualitativa y cuantitativa y análisis del comportamiento del consumidor. Desde 2007 como psicólogo psicoterapeuta clínico en diversos centros de psicología y psicoterapia. En 2012 inicia su propio proyecto psicoterapéutico en De Salud Psicólogos.
Trabajó como profesor del Master de ‘Neuromarketing y Comportamiento del Consumidor’ (2014-2016) así como en el IE University (School of Psychology. Segovia) impartiendo Psicología y Comportamiento del Consumidor (20082011). Desde 1995 ha colaborado e impartido clases de psicología del consumidor e investigación de mercados en diversos centros y escuelas de negocios.
Desde 2012 investiga y publica en el ámbito de las adicciones a las nuevas tecnologías, especialmente al teléfono móvil.
De 2005 a 2009 fue miembro de la junta directiva de AEDEMO (Asociación Española de Estudios de Mercado y Opinión) desde donde organizó diversos eventos monográficos (seminarios, jornadas, conferencias, etc).