La escuela Brother se cuela en la cárcel para impartir creatividad

El taller supone el primero que se imparte en una cárcel a nivel mundial y ha conseguido que los presos tengan más potencial para mejorar el mundo, ayudándoles a su inserción laboral.

Biberones que cambian de color cuando la temperatura es idónea para la toma, imanes para evitar desparejar calcetines, guantes para fumadores, papel higiénico que detecta enfermedades a través de la orina… Estas son solo algunas de las ideas que surgieron en el primer taller de creatividad impartido por la escuela Brother para un grupo de presos en el Centro Penitenciario Madrid VII (Estremera).

El curso ha sido una iniciativa de un grupo de ex alumnos y profesores de la escuela de la creatividad, donde surgió la potente premisa de querer demostrar que cualquier persona puede tener una gran idea, independientemente del lugar dónde esté o teniendo la peor de las vidas.

“Fue un mes intenso, pero ha sido una de las mejores experiencias que hemos tenido en la vida gracias a la respuesta recibida”, destacan los profesores del taller. Y es que los reclusos pudieron disfrutar de cuatro clases muy diferentes a lo que venían acostumbrando, donde no dudaron dar rienda suelta a su imaginación.

“Al principio piensas en creatividad como algo aplicado al arte, pero con este curso lo que aprendes es a echarle imaginación a las cosas cotidianas. Y quién sabe si imaginando llegas a descubrir una idea que haga más feliz a una parte de la humanidad”, recogía uno de los alumnos en una carta de agradecimiento.

Desde su creación, el taller ha contado con una doble intención. Por una parte, demostrar el talento creativo que las personas pueden desarrollar a través de la enseñanza. Por otro lado, posicionar la creatividad como una capacidad humana a tener en cuenta a la hora de pensar en reinventarse y desarrollar planes para la inserción laboral y social.

“Me habéis hecho ver la creatividad desde un lado opuesto al que estaba acostumbrado y habéis conseguido despertar en mí un gran interés por la publicidad y el marketing. Ahora pienso que todos tenemos un punto creativo y gracias a vosotros he aprendido a exteriorizarlo y aprovecharlo”, destacaba otro recluso.

Julián Díez se ha encargado de los dibujos que representan momentos puntuales de la actividad, ya que en la cárcel no se permiten realizar fotografías.

Ilustración de Julián Díez para representar una escena de la vida en la cárcel | Fuente: Brother

A pesar de que la parte presencial del curo ha finalizado, la Escuela ha decidido mantener la colaboración para tutorizar a los alumnos a través de cartas. “Estos alumnos han tenido ideas que compiten perfectamente con las de cualquier otro creativo, hemos visto su potencial y desde Bother vamos a seguir acompañándoles es su camino creativo”, concluye Mauro Suárez, director global y fundador de Brother.