Innovar, emocionar o morir: That’s the question!

“Los hombres, aunque han de morir, no nacieron para morir, sino para innovar”

- Hannah Arendt –

El poder de la fantasía y la imaginación nos acompaña desde que nacemos, pues son muchas las historias que nos cuentan de pequeños. Así es como, poco a poco, nos vamos integrando en esta llamada Sociedad del Conocimiento, que celebra cada 21 de abril el Día Mundial de la Creatividad y la Innovación donde las ideas originales y la invención son recursos esenciales para la educación ciudadana. Pero un derecho que debería ser el mismo para todos, trae consigo desigualdades a nivel económico, social y cultural que se amplifican a nivel internacional como la llamada “Brecha tecnológica o digital”.

A pesar de la gran penetración de Internet a nivel mundial, a día de hoy, y a pocos meses del 2020, según datos del Internet World Stat 2019, de los 7.716 millones habitantes del planeta, casi la mitad sigue sin tener acceso a este recurso.  Encabezan este ranking Asia, Europa y África con 50,4%; 16,5% y 10,9% respectivamente.

Reducir esta brecha digital para garantizar el acceso igualitario al conocimiento y generar más innovación y emprendimiento es una de las metas del Objetivo de la Industria, Innovación e infraestructura. Se trata del noveno de los 17 (ODS) objetivos de desarrollo sostenible que creó la Asamblea General de la ONU en su agenda 2030 para tratar de acabar con problemas como la pobreza, el cambio climático o la desigualdad de género y fomentar el acceso a la sanidad mundial.

Para cumplir con esta misión, ya se han puesto en marcha numerosos proyectos que ponen la originalidad y el pensamiento innovador al servicio del desarrollo humano. Por ejemplo, la implementación de energía eólica en una remota ciudad China; la utilización de energía solar para impulsar la diálisis ininterrumpida y salvar vidas en Libia; la creación de una app para hacer seguimiento de las existencias de vacunas en India o la identificación de peligros para asentamientos de refugiados mediante mapas de riesgos tomados por drones en Uganda.

En este sentido, organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), junto al Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM), han creado la iniciativa “Impulsando la Adaptación al Cambio Climático para Proteger la Salud Pública” en la que participan Barbados, Fiji, Jordania, Kenia, Uzbekistán o China. Regiones muy vulnerables con riesgos de salud asociados al clima.

El séptimo de ellos es Bután, el cuarto país más alto del mundo asentado en el Himalaya y a una altura de 2.000 metros que constituye un claro ejemplo de cómo se pueden solucionar problemas de salud al estudiar y cruzar los datos obtenidos del clima con los relacionados con la sanidad para realizar una vigilancia epidemiológica más exhaustiva.

Y es que el dato se ha convertido en un pilar fundamental para desarrollar proyectos relacionados con la innovación. Sobre este asunto, Marta Álvarez, Head of Marketing Strategy de Merkle | DIVISADERO, explica que “a medida que los problemas públicos se tornan más complejos, se vuelven indispensables nuevas formas de conocimiento a través del dato. Esto requiere un mayor acceso a la información, colaboración entre el sector público y privado, y capacidad para analizar los datasets. Iniciativas internacionales como la plataforma Data Collaboratives trabajan en este marco con un enfoque innovador para aprovechar el potencial de los datos, mejorar la vida de las personas y crear valor público”.

Una muestra de ello, nos cuenta Marta,” es el proyecto Global Fishing Watch, la asociación entre el gigante Google y entidades no gubernamentales para detener la pesca ilegal a través de la monitorización del movimiento de más de 35.000 embarcaciones marítimas. O el consorcio público-privado Nethope, a través del cual se siguió la trayectoria de las epidemias del ébola en África occidental, evitando la propagación del virus en nuevas zonas del continente”.

Esta última campaña, que se realizó con el eslogan “Fight Ebola, Together we can do more”, es el claro ejemplo de cómo marcar la diferencia a través del poder de la tecnología, de la colaboración y especialmente de la emoción, que también es un claro protagonista en este proceso disruptivo.

Baldiri Ros, executive creative director de Gyro, lo sabe bien, pues ha aprendido a lo largo de su trayectoria en el mundo de la publicidad creativa que “las buenas ideas, los buenos diseños, son aquellos que conjugan a la perfección la belleza y la utilidad. Lo emocional y lo racional unidos por y para mejorar la experiencia del usuario. Siempre con la persona en el centro (consumercentric) además de buscar cuál es el beneficio humano de la marca o del producto del que estamos hablando”. 

“Porque la mejor manera de predecir el futuro es inventarlo”

Alan Kay

 

Inma Barceló, con un doble grado bilingüe en Comunicación Audiovisual y Multimedia + Artes Escénicas y Mediáticas y un Máster en Dirección de Comunicación, ha trabajado como Coordinadora de producción audiovisual en compañías artísticas. Ha sido locutora de radio en Libertad FM, Consultora de Comunicación en Estudio de Comunicación y actualmente Community Manager, Diseñadora, web y RRSS y desarrollando proyectos de comunicación digital, corporativa e interna en el departamento de Comunicación de Dentsu Aegis Network España.