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La era de los títulos imposibles

Por Lorraine Gallard

¿A qué te dedicas?

O, mejor dicho:

¿Cómo le explicas a tu madre qué haces en tu trabajo?

Porque seamos honestos: explicar lo que hacemos en esa industria ya es difícil. Pero dar solo el título, a veces, lo complica todavía más.

Intentamos que nuestro cargo resuma lo que somos, lo que hacemos, lo que sabemos. Como si un rótulo pudiera contener años de experiencia, crisis creativas, cafés malos y pizzas frías, presentaciones a última hora y esa extraña habilidad de resolver problemas que nadie sabía que existían hasta que aparecieron en tu inbox a las 17:50 de un viernes.

Pero, ¿realmente somos solo un título?

Con el multitasking elevado a estatus mínimo obligatorio y con herramientas nuevas apareciendo cada tres días, cada uno de nosotros es más bien un maletero profesional ambulante. Ya se fue la época en la que solo teníamos una mochila.

Un híbrido entre lo que hemos estudiado, lo que hemos aprendido sobre la marcha y lo que tuvimos que improvisar porque nadie nos enseñó cómo se hacía. Especialmente para los de la generación X, antes de que existieran los tutoriales de YouTube.

Si estás empezando, probablemente aún no tienes un título claro. Si eres mid o senior, seguramente ya llevas varios acumulados en el bolsillo, como medallas invisibles: el oficial, el no oficial, el que pones en LinkedIn y el que usas cuando te preguntan en un HH (happy hour, porque sí, los acrónimos merecen su propio artículo).

Y luego está esta última década. Esta maravillosa, caótica, transformadora década en la que los títulos empezaron a metamorfearse (porque me encanta Kafka), o, dicho más fácil, a mutar y multiplicarse como si vinieran de una serie de sci-fi existencialista tipo Dark Matter. Todos buscando su verdadero propósito profesional. Muy profundo. Muy intenso. Y sí, a veces, un poquito confuso.

Antes era sencillo.

Planner.

Strategist.

HR.

Brand manager.

(Que para nuestra familia ya hacía falta un tomo entero para explicarlo).

Pero ahora…

Ahora existe, si no lo has visto, te lo prometo, no me lo estoy inventando:

Chief happiness officer.

Brand anthropologist.

Cultural strategist.

Y en el terreno creativo, donde incluso los que trabajamos en esto a veces no sabemos exactamente qué hace el de al lado, aparecen joyas como:

Creative technologist.

World builder.

Perdón, ¿qué diseñas exactamente? ¿Algo para marcas o universos paralelos?

Y si rebobinamos al 2010 al “clásico” community manager (que empezó a existir de verdad en 2007 aproximadamente) se ha transformado en: meme strategist.

TikTok creative director.

Social listening lead.

Y eso no es un meme.

Y no sé tú, pero a mí me encanta que eso exista.

Trabajo en producción creativa. En 2010, cuando me autodesigné ese título aquí en España, la gente me miraba como si hubiera mezclado tres idiomas en la misma frase. Que, siendo justos, probablemente lo hacía. Y lo sigo haciendo. Thanks.

Me inventé mi manera de describirme juntando mi background con mis skills. Perdón por los anglicismos. No es por ser cool. Es que, milagrosamente, hoy en día se me entiende.

Mi carrera ha sido, durante años, un ejercicio constante de traducción simultánea: del inglés al español, del mundo creativo al mundo real, y de mi cabeza al resto del planeta.

Y ahora, dentro de mi propio territorio de senior creative producer, aparecen nuevas especies profesionales:

Virtual production supervisor.

Immersive producer.

Transmedia producer.

Este último, sin duda, mi favorito. Suena a alguien que vive entre dimensiones narrativas.

Pero si haces un deep dive en LinkedIn, como hago yo, no solo porque soy un poco nerd, sino porque uso la plataforma de verdad, entras en una zona donde ya no sabes si estás en una red profesional o en un festival de realismo mágico utópico corporativo.

Ahí viven títulos como:

Chief storytelling officer.

Digital prophet.

Metaverse architect.

Brand futurist.

Culture engineer.

Human-centered innovation lead.

Ethical AI designer.

No estoy ridiculizando nada de esto. Me parece maravilloso. En serio.

Mi filosofía siempre ha sido muy simple: Si no hay trabajo, invéntalo.

Si no existe el título, créalo.

Trabajamos en una industria que se supone que es creativa, ¿no? Entonces seamos creativos también con cómo nos definimos. Adaptemos. Probemos. Cambiemos de forma. No pasa nada. Todo lo contrario: ¡pasa de todo!

Porque, al final, el título sí importa.

Importa en LinkedIn, CV, portfolio, en una entrevista de trabajo.

Es el marco que le da coherencia a tu recorrido, a tu bagaje, a esa historia profesional que llevas años escribiendo sin darte cuenta.

Pero fuera de ahí… Fuera de la oficina, del correo, de la bio, de la cover letter y de la firma automática, de todas las comunidades y plataformas…

Quizás lo más sano sea ir por la vida sin títulos.

Porque tengas el cargo que tengas, al final somos eso primero: personas.

Todas iguales. Todas diferentes. Siempre únicas.

 


Lorraine Gallard (Linkedin) es senior creative producer en Plastic Pictures Iberia, labor que compagina con el ejercicio de consultoria y coach creativo desde hace más de seis años y con labores de formación en centros como la Barcelona School of Creativity, la Universitat Abat Oliva CEU o la FX Barcelona Film School, entre otros. De larga experiencia dentro del mundo publicitatio, en etapas anteriores ha trabajado en empresas del sector como Vice Media, 14, La Liga Studios, RCR Films o Mamma Team.