¿Es diferente el cerebro de los creativos?

Por Jose G. Pertierra

La última obra de Federico Fellini no dura ni siete minutos. Es lo que suman una serie de tres spots realizados en 1993 para Banco di Roma rodados poco antes de morir. Al final de su vida artística, el genio del cine italiano descubrió con enorme interés la publicidad: rodar, dar instrucciones, escribir y retocar eslóganes… Fellini disfruta de un regalo inesperado, de la gozosa oportunidad de crear de nuevo.  Cualquiera que vea esta campaña advertirá en ella las señas de identidad de su autor: un derroche de ingenio, imaginación y creatividad. Curiosamente, el cineasta de “La Dolce Vita”, “Ocho y medio” o “Amarcord” padecía síndrome de negligencia lateral, un problema neurológico que pone en duda si esa característica de su cerebro le hizo ser más creativo.

Parece que Fellini no es el único caso de una reconocida figura creativa con alguna peculiaridad cerebral, el maestro ruso de la abstracción, Wassily Kandinsky, padecía sinestesia, una afección neurológica que le impedía hacer una lectura cerebral correcta de sus sentidos. Podía, por ejemplo, "oler colores".  También es conocido el caso de Willem de Kooning, el artista abstracto holandés que empezó creando una obra escasa y muy elaborada, pero que más tarde fue mucho más prolífico tras serle diagnosticada la enfermedad de Alzheimer… ¿Acaso es especial el cerebro de una persona creativa?

Si algo ha supuesto el nacimiento del siglo XXI ha sido una eclosión del estudio del cerebro a través del uso de TACS que han averiguado aspectos muy interesantes de la actividad cerebral, desde la discutible división de los hemisferios cerebrales (¿el izquierdo se dedica sólo a la racionalidad y el derecho a la creatividad?) hasta qué sofisticados mecanismos de nuestro cerebro activan el deseo de compra de un producto. El cerebro del artista creativo ha sido desde siempre uno de los más excitantes objetos de estudio, por lo que ahora con dichos adelantos, la investigación intenta llegar a conclusiones científicas que expliquen si la creatividad es un accidente cerebral aleatorio o si efectivamente el cerebro de estas personas tiene una influencia determinante que facilita la creación de contenidos especiales y diferentes.

¿Qué ocurre en el cerebro de una persona creativa mientras realiza un determinado trabajo? ¿En qué se diferencian los cerebros de un creativo publicitario o el de un escultor amateur?

Éstas son algunas de las preguntas que John Onions, historiador de arte de la universidad de East Anglia, en Inglaterra, intenta responder a través de una incipiente disciplina bautizada como neuroarthistory, algo así como "historia neurológica del arte". Con la ayuda del neurólogo Semir Zeki, de la University College London, intentan establecer un corpus teórico que explique el misterio que encierran las neuronas capaces de producir que el ser humano entienda y cree arte. Una de sus conclusiones más importantes es que todo artista, al buscar la belleza, se acerca al sentido de lo bello de acuerdo a lo que esto significa para su cerebro, lo que parece constatar el hecho de que un cerebro anómalo se decanta por percepciones y expresiones diferentes al resto, de ahí el resultado de su singularidad.

Semir Zeki no sólo incluye la creatividad como proceso cerebral en la resolución de actividades artísticas, sino que también la incluye en el amor, las relaciones personales, la búsqueda de la perfección personal y colectiva, el sufrimiento… En definitiva, un cerebro creativo parece poseer una visión diferente sobre nosotros y el mundo que nos rodea, posee diversas habilidades cognitivas que nos ayudan a desentrañar problemas más complejos ya que ejerce un salto sobre el proceso de pensamiento lineal y lógico y está más entrenado para pensar de forma distinta, para poder resolver problemas con nuevos planteamientos. Lo que también parece demostrarse es que el dolor crónico produce una modificación del cerebro tal que esa experiencia desagradable puede llegar a ser una fuente de inspiración creativa casi definitiva como le ocurría a Ludwig van Beethoven, que hizo su mejor obra cuando perdió el oído o a Feodor Dostoievski que en numerosas ocasiones describía sus crisis epilépticas en su obra, casos que confirman así la relación existente entre cerebro y creatividad. Casos que confirman que el cerebro de los creativos es diferente.

Jose G. Pertierra
director de arte de Clicknaranja
www.clicknaranja.com