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Sin café, no soy persona

Richard Wakefiel

"give me one cup for my baby and one for the road (richard wakefield)"

 

La frase del titular la pronunció Valeria, cuando entró en mi despacho con los ojos medio cerrados a las ocho de la mañana. Si, somos adictos al café, al tabaco, y algunos/as a otras cosas que en lugar de ser fuente de inspiración te pueden dejar hecho polvo.

Está claro, una agencia sin máquina de café es inimaginable, porque "mataría por un café", "no me preguntes nada hasta después del café", "necesito café en vena", "el café es sagrado", "estaré mucho mejor después de la segunda taza de café", "si no me traes un café ahora mismo gritaré", "el lunes sin café sería una pesadilla" o "Dios, un café antes de que me duerma de pié".

Aunque nada supera a la expresión de Natalia : "Richard, si no me ofreces un café, me voy a Estambul"... pero una cosa es la máquina y otra el entorno y las conversaciones que genera.

Allí peregina el creativo indignado, el ejecutivo fuera de sus casillas, la becaria avergonzada, el planner obcecado, el junior intrépido, el planner en busca de insights, la community mánager a la caza de redes sociales y el director con la quiniela de despidos.

Allí se escuchan monólogos pasionales, confesiones privadas, chismorreos contrastados, putadas con premeditación, celebraciones pasadas de vuelta, chulerías momentáneas. Allí se enseñan fotos de las farras, recuerdos de los viajes, se intercambian tatus, pins, chapas, pulseras, cintas de pelo, direcciones de facebook y teléfonos.

Allí se especula, se fabula, se conspira, se montan bulos, películas, rumores y fantasías. Allí aparecen los comentarios sobre la ropa, el pelo, los zapatos y los complementos. Se habla del partido del fin de semana, de la serie a la que eres adicto/a o lo que dijo esa famosilla jarta de bótox.

Allí los insultos renacen entre situaciones estresantes, presentaciones de campaña y críticas destructivas. Allí se da la bienvenida o se despide con cariño. Se ría y se llora. Se chilla y se calla. Se sueña y te despiertan. Se lucha y se da la mano. Se gana y se pierde. Te enciendes o te apagas. Te recuperas de una noche loca con la ayuda del ibuprofeno.

Das las gracias, pides perdón o te pasas de la raya... es un ritual, un símbolo, un mito, una leyenda.

Puede ser un espacio habilitado en la oficina, una máquina de monedas o el bar de Nacho al que has ido durante los últimos doce años. Quince-veinte minutos que forman parte de tu cotidianidad. Esos sonidos, esos olores, esa luz, esos cuadros, esa taza... nada que ver con el té, mucho más flow.

El café es una necesidad, una adicción, una parte fundamental en la vida de la agencia...y de la uni :

Funciona muy bien después de esa fiesta de cumple pasada de vueltas, donde casi nadie recuerda nada y algunos/as se despertaron con la chica/o que no tocaba, después de empalmar la noche con la clase de las 8, para aguantar el taladro de la asignatura que se convirtió en monólogo e invitación al wassap, para eliminar los nervios del examen o la presentación del TFG, para criticar a los famosillos o la ropa de Mar, para flirtear con los pocos chicos que estudian publi, para que ellos busquen apuntes de nivel, para conversar con el profe de seminario o simplemente para no ir a clase y seguir hablando de tonterías.


El café es tu cómplice y lo sabes.

 

 

- "ponme un café corto de café, con la leche desnatada, descafeinado y sin azúcar"

- "eso es como si dijeras : hazme el amor sin preámbulos, rapidito, con orgasmo corto y eyaculación precoz"

 

(escuchado en un bar de Barcelona).

Richard Wakefield, creador de "publicitarios implicados" y fundador de RW Storytelling