Por Isis Boet
En el entorno digital actual, el bien más escaso no son los clics ni el alcance efímero: es el tiempo real que una persona decide dedicar a una pantalla. Competimos en la llamada economía de la atención, un escenario donde las plataformas no buscan fomentar debates pausados ni análisis profundos. Su prioridad es conseguir que no desviemos la mirada, y la forma más rápida y efectiva de lograrlo es activando nuestras emociones.
La nueva plaza pública: donde la conversación ya ocurre (con o sin nosotros)
Las redes sociales son hoy el canal con mayor escala y capacidad de convocatoria. En España, el 86% de los internautas (33,1 millones de personas) las utiliza a diario y consulta una media de 7 plataformas al mes. En la Generación Z, el consumo supera 1 hora y 23 minutos al día, con TikTok alcanzando a un 61% de estos jóvenes (según el Estudio de Redes Sociales de IAB Spain 2026).
Las redes ya no son un canal secundario; son el lugar donde ocurre la conversación pública. Por eso, estar presente no es una opción estética, sino un ejercicio de supervivencia reputacional. Más del 90% de las conversaciones sobre una marca ocurren sin que esta esté presente. El silencio no protege ni da neutralidad: solo genera el "síndrome de la silla vacía", dejando que otros moldeen la imagen de la organización sin control.
Cómo destacar: el salto de la información a la emoción
Ahora bien, estar presentes no garantiza que nos escuchen. Vivimos en un entorno saturado, dominado por la inmediatez y el estímulo continuo.
El Estudio de Redes Sociales de IAB Spain revela que el 97% de los usuarios entra en redes para entretenerse, frente a un 77% que lo hace para informarse. Esta diferencia obliga a entender la brecha entre informar y comprender. Un titular llamativo, una respuesta irónica o un vídeo de ni 15 segundos pueden lograr un chispazo rápido, pero difícilmente construyen un pensamiento profundo o un aprendizaje a largo plazo.
Para retenernos, el motor algorítmico premia la interacción de la emoción: la risa, la provocación, la indignación o el sentimiento de pertenencia. Son las emociones de alta intensidad las que nos mueven a comentar, compartir y mantenernos enganchados, desplazando la reflexión hacia un segundo plano.
El cruce de caminos para las marcas
Llegados a este punto, las marcas se encuentran ante un cruce de caminos decisivo. No se trata de una simple cuestión táctica, sino de elegir qué modelo de relevancia quieren construir hacia el futuro:
- El atajo del ruido efímero: Dejarse llevar por la inerte del algoritmo y buscar la reacción rápida a través de la fricción o la provocación. Es una vía tentadora para arañar minutos de atención, pero genera una visibilidad superficial y con un elevado riesgo reputacional.
- La construcción de capital cultural: Aprovechar los códigos nativos y el entretenimiento como un puente de conexión auténtica. Quienes eligen esta ruta entienden que la activación emocional no es un truco de manipulación, sino una puerta de entrada para escuchar con agilidad, aportar valor tangible y tejer relaciones de confianza duraderas con sus comunidades.
Volviendo al inicio, en un entorno donde el recurso más valioso es el tiempo que nos conceden, la relevancia probablemente no se compre a golpe de clic ni de impactos efímeros, sino que se conquiste con significado. En la economía de la atención, la influencia real no pertenece a quien más ruido hace en el feed, sino a quien logra que su presencia realmente importe…


Isis Boet es directora de Influencia y Digital en LLYC para España, organización a la que pertenece desde hace cinco años. Licenciada en Ciencias Políticas y Periodismo por la Universidad Pompeu Fabra, cuenta con un Máster en Internet Business por ISDI y otro de Marca y Cultura de Empresa del Instituto Tramontana. Con más de 20 años de experiencia en agencia creativa y consultoría, Isis ha enfocado su carrera en desarrollar y desplegar estrategias de marca y compañía, reputación e influencia a través del ecosistema digital para todo tipo de compañías, tanto B2B como B2C.