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Muchas empresas hablan de su cultura; hasta que alguien piensa

Por Lorraine Gallard

Llevo de más de dos décadas trabajando en la industria creativa, entre países, culturas, agencias, productoras y estructuras completamente distintas, hay algo que me sigue siendo igual (casi siempre):

Sigue habiendo muchos jefes disfrazados de líderes.

Y, sinceramente, pensé que a estas alturas eso ya habría cambiado.

Porque hoy todo el mundo habla de liderazgo, cultura de empresa, wellbeing, espacios seguros, escucha activa…

Hay workshops, keynote speakers, podcasts, offsites y frases motivacionales con los logros de la empresa, que también son tuyos, pero en realidad no.

Basta con que alguien contradiga una idea en una reunión para que toda esa “cultura” desaparezca en aproximadamente tres segundos.

Ahí se acaba el:

“Queremos gente con criterio”

“Nos encantan las personas que desafían el status quo”

“Buscamos perfiles con pensamiento crítico”

¿De verdad?

Sí, quieren pensamiento crítico. Siempre y cuando llegue en la presentación, de una manera suave, validada y sin herir ningún ego senior por el camino.

La industria creativa vive obsesionada con la innovación, pero sigue funcionando muchas veces desde estructuras antiquísimas de control, jerarquía y miedo a perder protagonismo.

Sé talento, pero manejable.

Ideas, pero no demasiadas.

Personalidad, pero regulada.

Simon Sinek (soy super fan!!) habla mucho de esto cuando explica que el liderazgo real requiere vulnerabilidad. Escuchar. Reconocer que no tienes siempre la razón. Crear espacios donde otros puedan crecer sin sentir que amenazan tu posición.

Y, en mi humilde opinión, ahí está el problema.

Porque muchos líderes dicen querer otros líderes en sus equipos… hasta que aparecen.

Hasta que alguien cuestiona.

Hasta que alguien propone algo mejor.

Hasta que alguien no se limita a ejecutar en silencio.

Entonces ya no lo llaman liderazgo.

Dicen que esa persona es “difícil”, “muy intensa”, “muy vulnerable”, y otros grandes adjetivos para no darle espacio por sus propios miedos.

Lo más irónico es que las mejores ideas casi nunca nacen de la comodidad. Nacen de la reflexión, la tensión, de la conversación incómoda, de alguien atreviéndose a decir: “Creo que esto podría ser mejor.”

Pero para sostener eso hace falta seguridad. Mucha.

Porque un jefe necesita control.

Un líder necesita criterio alrededor.

Y no, liderar no es tener siempre la última palabra. Tampoco tener todas las respuestas. De hecho, las personas más inspiradoras con las que he trabajado internacionalmente eran justamente las que podían decir:

“No lo sé”

“Tienes razón”

“No lo había pensado así”

Eso sí es liderazgo.

Lo otro es branding corporativo con buena iluminación y un manifiesto en Slack para que todos le den un corazoncito.

 


Lorraine Gallard (LinkedIn) es fundadora de Gravitate y estratega creativa con más de 20 años de experiencia en publicidad, producción y storytelling. Después de trabajar con agencias, marcas, productoras y talento internacional en compañías como 14, LaLiga Studios, DAVID, Saatchi&Saatchi, Plastic Pictures y Cubo. Hoy asesora a empresas y profesionales creativos en estrategia, posicionamiento y desarrollo de talento.