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La estrategia detrás del cambio de nombre de Securitas Direct a Verisure

Hay un tipo de rebranding que no sale en los manuales y no es el que reimagina una marca desde cero ni el que corrige un posicionamiento que ya no funciona. Hablo de uno más silencioso y, probablemente, sea incluso más exigente: cambiar el nombre de algo que ya funciona muy bien.

Securitas Direct llevaba décadas siendo sinónimo de alarmas en España. Líder en su categoría, alta notoriedad, millones de clientes. El mes pasado pasó a llamarse Verisure en España, alineándose con el resto de mercados en los que opera la compañía. El producto es el mismo, el equipo es el mismo, la propuesta de valor es la misma. Solo cambia el nombre. Eso, que en papel parece lo más sencillo, es en la práctica uno de los retos de comunicación más exigentes que puede afrontar una marca.

MIO One lideró la estrategia de medios para esta transición en España, y aprendimos mucho en este proceso.

El error en el que podíamos caer: comunicar como si fuera una transformación

Cuando una marca cambia más cosas, además del nombre, y hay una nueva promesa, o nueva identidad, o explora nuevos territorios, el rebranding tiene una narrativa clara. Hay un antes y un después con los que trabajar. Con un cambio nominal no funciona así porque no hay transformación que contar, hay continuidad que demostrar.

El consumidor que lleva años confiando en Securitas Direct no necesita que le convenzan de nada. Sin embargo, si hay un cambio nominal, ese consumidor necesita que el nuevo nombre empiece a activar los mismos atributos que tenía el anterior: confianza, seguridad, respaldo. Ese trasvase de equity no se produce solo con presencia; se necesita consistencia, repetición y coherencia absoluta entre todos los puntos de contacto.

Los fracasos de rebranding nominal suelen tener una causa en común, y es que se comunican con el mismo modelo que usaría un lanzamiento. Y un lanzamiento, por definición, no tiene historia acumulada que defender.

Por qué los medios masivos vuelven a ser la respuesta correcta

Las marcas líderes en gran consumo llevan años perfeccionando modelos de comunicación orientados a performance. Eficiencia, coste por adquisición, optimización continua. Este es un modelo que hemos visto que funciona cuando el objetivo es mantener o crecer dentro de una categoría conocida. Pero cuando el objetivo es que millones de personas aprendan un nombre nuevo en el menor tiempo posible, ese modelo no es el más adecuado.

Un cambio de nombre necesita alcance masivo y frecuencia sostenida. La prioridad no es impactar con precisión, sino impactar a escala y con la rapidez suficiente para que el nuevo nombre consolide en la memoria del consumidor antes de que el ruido del mercado lo diluya. Televisión en abierto, radio, exterior de alta visibilidad, cine, los medios de toda la vida, medios que no destacan por su granularidad, pero cuya capacidad de generar cobertura nacional rápida sigue siendo insuperable.

El cambio de mentalidad es parte del éxito, y saber cuándo pasar de optimizar el coste por resultado a priorizar la cobertura bruta es una decisión estratégica, no táctica. Esta decisión es la que suele retrasar el arranque cuando los equipos de performance toman el control de una campaña que necesita otro tipo de lógica.

La velocidad protege el equity, no lo pone en riesgo

Una tentación habitual en un proceso como este es extender la transición para dar tiempo al consumidor a adaptarse, sin embargo, la evidencia apunta en la dirección contraria, y cuanto más se prolonga el periodo de ambigüedad, más se erosiona la confianza que se quería preservar.

Actuar rápido en un cambio de nombre no es una apuesta arriesgada, es la forma de proteger lo que ya existe. Los presupuestos se concentran, los plazos se comprimen, la coordinación entre la campaña en medios, el punto de venta, las comunicaciones a clientes y el discurso del equipo comercial se vuelve crítica. La coherencia entre todos los puntos de contacto es lo que convierte la exposición en comprensión real.

Lo que este caso anticipa para el mercado español

La tendencia hacia la unificación global de marca no es nueva, pero se está acelerando. Las grandes corporaciones con presencia en múltiples países están reduciendo su portfolio de denominaciones locales de cara a operar bajo una sola marca a nivel internacional. España, con un tejido empresarial muy vinculado a marcas locales de alta notoriedad, será uno de los mercados donde este tipo de transformaciones resultará más frecuente en los próximos años.

El vínculo entre el consumidor español y ciertas denominaciones es más profundo de lo que los modelos globales suelen anticipar, pero esto no tiene por qué ser un obstáculo ya que, bien gestionado, es el activo sobre el que construir el nuevo nombre. El caso de Verisure lo demuestra. La pregunta que muchos equipos de marketing tendrán que responder antes de lo que esperan es cómo gestionar un cambio que no necesita una narrativa de transformación, sino de continuidad y confianza. La respuesta está en la estrategia de medios.


Nieves Beas, Client Partner Director en MIO One (MIO Group)