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Reality shows: luces y sobras en los más jóvenes

El contenido que se transmite a través de los distintos canales comunicativos puede influenciar e incluso educar a los más jóvenes, corriendo el riesgo de que se haga de manera negativa al considerar que lo que se muestra en los programas de entretenimiento es verdad y aspirar a una vida idílica inexistente

Desde que Gran Hermano produjo su gran estreno en el año 2000, los realities y talent shows se han asentado en nuestro país ocupando gran parte de la parrilla televisiva y alcanzando índices de máxima audiencia, convirtiéndose en todo un fenómeno social. Operación Triunfo, MasterChef, Fama o La Voz son algunos de los ejemplos que han supuesto toda una revolución entre los espectadores. Pero esta agitación también puede tener consecuencias y una influencia negativa, sobre todo para el público más joven.

“El cerebro de las personas entre 12 y 16 años está preparado para la explotación y la innovación, y cognitivamente no está capacitado para evaluar el riesgo. Por tanto, un adolescente busca poder identificarse y decidir qué le gusta y en qué quiere convertirse en cualquier parte, porque la estructura peculiar de su cerebro se lo permite y exige. Por ello, los realities tienen una influencia directa entre ellos”, afirma el Dr. Oliveros, psiquiatra especialista en psicoterapia de trastornos de personalidad.

Al igual que ocurre con internet, la televisión es un medio de explotación e información; pero no todos los programas repercuten del mismo modo en la forma de pensar y vivir de las personas. Con el fin de conocer por qué enganchan los concursos de talento y si el espectador percibe una visión real de lo que supone participar en los mismos, los expertos de Top Doctors han indagado para explicar cuáles son las luces y las sombras de estos shows.

Masterchef: competitividad y éxito individual

Un boom de chefs han inundado las pantallas españolas en los últimos años en cualquier franja horaria, poniendo en valor la profesión del cocinero. La ‘receta’ de este tipo de programas es conseguir que el público se identifique con los protagonistas y con sus historias personales, y al mismo tiempo que generen en el espectador unas expectativas de alternativa de vida o modelos de relacionarse con los demás, que dan un plus de atractivo.

Todo ello se suma a los ingredientes estrella de la competitividad y la autoexigencia, necesarios durante todo el concurso, que lo convierten en un fenómeno social.

“Masterchef tiene una combinación perfecta. Todos tenemos una cocina en casa, muestra historias y relaciones personales. Al igual que ocurre con Operación Triunfo, este concurso persigue el éxito individual, es pura competición, es decir, para alcanzar los objetivos hay que destacar sobre los demás. Y eso engancha”, afirma la psicóloga Bárbara Zapico, miembro de Top Doctors.

Éxito, reconocimiento y fama: la falsa realidad de los reality shows

Gran Hermano y su versión VIP son otro de los ejemplos de programas que, año tras año, consiguen acumular a una importante cantidad de audiencia. Y es que los realities conquistan a los televidentes porque muestran historias del antes, durante y después de la participación en el concurso.

Esto, sumado a la fama, el éxito y la popularidad resultante, son los valores que atraen al público. “Este tipo de programas pueden fomentar que el joven espectador crea que su vida se puede desarrollar a gran velocidad, triunfar y ser admirado por todos, sin considerar el sacrificio o la presión que hay detrás” afirma la psicóloga y psicoterapeuta Neus García Guerra, miembro de Top Doctors.

Cultura de esfuerzo en extinción

Cada vez más, los jóvenes centran sus aspiraciones en lo que ven por televisión y redes sociales, lo que se traduce en ganar mucho dinero y trabajar poco. Los valores transmitidos en los realities y talent shows hacen que los adolescentes conviertan en idílica la imagen distorsionada de lo que les llega y que, al intentar imitarla, puede crear en ellos sentimientos de frustración.

“Los jóvenes son sensibles al fracaso. No es tanto labor de la televisión como de los padres y educadores, el alimentar la curiosidad y capacidad para cumplir sus sueños. Este tipo de programas pueden ser beneficiosos para la sociedad, siempre y cuando muestren la constancia, el sacrificio, el trabajo y el esfuerzo que supone estar ahí, cosa que no suele ocurrir”, explica David Núñez Palomo, director clínico de la Clínica de Psicoterapia Complutense y miembro de Top Doctors.