Actualidad

Mucha gran agencia empezó siendo indie. No todas tienen que terminar siendo grandes

Por Yurena Escobar

Si tiramos de memoria siempre pienso que cuando hablamos de agencias independientes frente a grandes redes: prácticamente todas las grandes compañías de nuestro sector comenzaron siendo proyectos pequeños, impulsados por la visión, la ambición y, probablemente, una buena dosis de rebeldía de sus fundadores. Publicis nació de la ambición de un chaval de veinte años en París. Ogilvy empezó con una sola oficina en Nueva York. Quizá convenga recordar estos orígenes antes de seguir dibujando fronteras tan rígidas entre modelos empresariales.

No voy a engañarme defendiendo que el tamaño no importa. El tamaño importa. Y mucho.

Condiciona la velocidad de decisión, las responsabilidades y, sobre todo, la cantidad de cuentas que tienes que saldar. Cuando los fundadores dejan de participar directamente en buena parte de los procesos, inevitablemente se pierde algo de aquella agilidad original. Por mucho que intentemos protegerla con cultura, metodologías o discursos corporativos.

Lo digo desde la experiencia. Cada vez que hemos escalado en Flecher.co, hemos ganado capacidades, estructura y oportunidades, pero también hemos dejado algo por el camino. Esa cercanía, espontaneidad o capacidad casi instintiva de cambiar de dirección en mitad de una conversación se vuelve más difícil de conservar.

Las independientes nacemos muchas veces desde la rebeldía y la pasión. Pero la pasión también madura. Con los años, la intuición convive con los presupuestos, la ambición con la rentabilidad y las ganas de cambiar las reglas con la responsabilidad de sostener una empresa. El pragmatismo económico gana terreno. Y no necesariamente es malo. También es parte de crecer como empresarios.

Por eso me pregunto si no estaremos llegando tarde a un debate que sigue muchas veces sigue enfrentando modelos por su dimensión, cuando deberíamos estar discutiendo su verdadera capacidad de generar valor y, especialmente, de reinventarse.

Porque, ¿qué sentido tiene reivindicar que somos más ágiles, más frescos y más cercanos si nuestra propuesta consiste en ofrecer exactamente los mismos servicios que una gran red, pero con menos estructura y, muchas veces, con menos inversión?

Quizá esa promesa ya no sea suficiente.

Tengo la intuición de que estamos entrando en una etapa de fragmentación hacia territorios de alta especialización. Y me parece una oportunidad extraordinaria. Durante años, muchas agencias hemos aspirado a hacerlo todo, incorporando disciplinas y creciendo horizontalmente para no dejar escapar ninguna oportunidad.

Pero quizá el futuro no esté en poder hacerlo todo, sino en hacer algo que no pueda hacer cualquiera.

En nuestro caso, especializarnos en Travel nos ha permitido construir conocimiento, criterio y una propuesta de valor que no depende exclusivamente de nuestra estructura. No se trata de tener menos ambición, sino de concentrarla. De elegir dónde podemos ser realmente relevantes y desarrollar capacidades que nos hagan difíciles de sustituir.

Y esto abre otra conversación: ¿necesitamos seguir incorporando personas, servicios y compañías para evolucionar? ¿O podemos construir organizaciones extraordinariamente valiosas desde estructuras más contenidas, especializadas, rentables y conectadas con otros expertos?

No tengo una fórmula. Sospecho que no existe una sola respuesta. Pero sí creo que tenemos la oportunidad de reivindicar un espacio propio, alejado de esa aspiración permanente a convertirnos en versiones reducidas de las grandes redes.

Un espacio donde el conocimiento justifique nuestro valor económico, la especialización nos permita conservar la frescura y los fundadores encontremos margen para seguir evolucionando.

Porque tampoco podemos romantizar la independencia. Necesitamos empresas rentables, capaces de invertir, atraer talento, asumir riesgos y construir futuro. Y necesitamos que quienes las fundamos podamos seguir creciendo profesional y personalmente, sin que la única medida del éxito sea el número de empleados, oficinas o compañías adquiridas.

Quizá la verdadera reinvención de nuestro modelo pase por dejar de competir en amplitud de servicios y empezar a competir, de verdad, en relevancia.

Reconozco que a mi no me quita el sueño dejar de ser independientes sino terminar siendo indistinguibles.

 


Yurena Escobar es CEO de Flecher.co, agencia creativa independiente especializada en marketing experiencial, comunicación turística e innovación, y cofundadora de Fleeverse. Con más de 15 años de experiencia en creatividad estratégica, lidera proyectos que combinan tecnología, entretenimiento y nuevas narrativas para conectar marcas y audiencias. Entre sus iniciativas destaca 'Find the Seasouls', un videojuego de promoción turística desarrollado en Roblox. Es también miembro del consejo general de ÂVAT, organización dedicada a impulsar la transformación empresarial a través de la creatividad y la innovación.