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El meme deja de ser una broma para convertirse en una herramienta estratégica de comunicación para las marcas 

After analiza cómo este formato ha evolucionado desde el humor en redes sociales hasta consolidarse como un recurso capaz de generar conexión, notoriedad y participación, siempre que las marcas comprendan los códigos culturales que lo sustentan 

En un entorno digital marcado por la saturación de contenidos y la lucha constante por captar la atención de los usuarios, el meme ha dejado atrás su papel de simple contenido humorístico para convertirse en una herramienta estratégica de comunicación. Así lo sostiene la agencia creativa y estratégica After, que destaca cómo este formato se ha consolidado como uno de los lenguajes más eficaces para conectar con audiencias cada vez más fragmentadas y exigentes. 

La principal fortaleza del meme reside en su capacidad para condensar una idea compleja en una pieza breve, fácilmente reconocible y altamente compartible. Imagen, texto, humor, referencias culturales y contexto se combinan para crear un contenido que exige pocos segundos de atención, pero un elevado nivel de complicidad con quien lo recibe. Su éxito depende de que el usuario comprenda el código, se sienta parte de la conversación y quiera participar en ella compartiendo o reinterpretando el contenido. 

Desde After subrayan que el uso de este recurso requiere mucho más que incorporar un chiste a una campaña. "Un meme bien usado no es un chiste puesto al final de una campaña para que parezca más fresco. Es una pieza de alta precisión cultural: necesita timing, lectura del contexto, comprensión de la comunidad y una idea que merezca circular", explican desde la agencia. 

Como ejemplo de esta evolución, After destaca la campaña 'Abril-Ahorral' desarrollada para MediaMarkt, que trasladó al ámbito publicitario el conocido meme protagonizado por Elena Furiase. La propuesta reinterpretó el popular '¿Abril? Cerral' para comunicar una campaña de ahorro mediante un lenguaje cercano al de internet, con presencia en televisión, medios digitales y redes sociales. 

La eficacia del meme como herramienta de comunicación también comienza a respaldarse desde el ámbito académico. Un estudio publicado en 2026 por la revista ELUA. Estudios de Lingüística de la Universidad de Alicante concluye que estos contenidos funcionan como elementos persuasivos al apoyarse en conocimientos compartidos, simplificar mensajes complejos y reforzar el sentimiento de pertenencia entre quienes comparten un mismo marco cultural. 

La influencia del fenómeno, además, trasciende el entorno digital. Los memes han comenzado a formar parte de productos físicos y objetos cotidianos, como llaveros, camisetas, tote bags o abanicos, que sustituyen el recuerdo turístico tradicional por referencias nacidas en internet. Para After, este salto demuestra que lo viral ya no es únicamente un contenido efímero, sino un elemento capaz de construir memoria colectiva y convertirse en un nuevo símbolo cultural. 

Este escenario cobra aún más relevancia si se tiene en cuenta el peso que han adquirido las redes sociales. Según el Estudio de Redes Sociales 2026 de IAB Spain, el 86% de los internautas españoles de entre 12 y 75 años utiliza estas plataformas y el usuario medio ya emplea más de siete redes sociales distintas. El entretenimiento continúa siendo el principal motivo de uso, lo que convierte al meme en un formato especialmente adaptado a la denominada economía de la atención gracias a su rapidez de consumo, su capacidad para generar reconocimiento inmediato y su potencial para fomentar la interacción. 

No obstante, la agencia advierte de que incorporar memes a una estrategia de comunicación también implica riesgos. Forzar referencias, llegar tarde a una conversación o utilizar códigos que no encajan con la personalidad de la marca puede generar el efecto contrario al buscado y perjudicar su credibilidad. 

Por ello, After recomienda que las marcas comprendan el contexto antes de participar en una conversación, prioricen el criterio sobre la velocidad, adapten el lenguaje a su identidad, aporten una interpretación propia en lugar de limitarse a replicar tendencias y, sobre todo, sepan identificar cuándo es preferible no intervenir. 

En este contexto, las agencias desempeñan un papel clave para ayudar a las marcas a interpretar los códigos culturales que surgen en internet y determinar qué conversaciones tienen sentido para ellas. Porque, aunque el meme pueda parecer un contenido ligero y espontáneo, su uso estratégico exige comprender el pulso de las comunidades digitales y saber cuándo una marca puede aportar valor a la conversación. Como concluyen desde After, las audiencias "no necesitan marcas intentando ser graciosas todo el tiempo, sino compañías con criterio, tono y capacidad para entender cómo se construye la conversación".